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martes, 3 de febrero de 2015

Cuento de una amor imposible, y de terror y de ciencia ficcion, todo a la vez

Este cuento trata sobre una expedición a un planeta al cual una terrible criatura aniquiló toda la vida e inteligencia. Y de las tribulaciones de una avanzada computadora por tratar de transformarse en algo más que solo bits e información; transformase en una conciencia artificial. Para lograrlo deberá recurrir a algo casi imposible de entender para una Inteligencia Artificial.


La oscuridad del infinito.



El planeta era sombrío. Hacia eones que había muerto. El agua se había secado y su corteza lucía como el cadáver de una anciana agria y solitaria. Las sondas y los scanner habían detectado algunos despojos y señales de que alguna vez la vida había colmado los ahora yermos valles y las áridas y escarpadas montañas. Incluso había algunos pequeños restos de una civilización muy avanzada desperdigados por ahí luchando agónicamente por no ser sepultados por el tiempo. Restos de una civilización que había desaparecido misteriosamente dejando tras de sí solo el viento. Un viento frío e incesante que lo dominaba todo como el llanto doloroso de una niña. Un viento que junto a la soledad imperante insuflaban al planeta de un sentimiento de maldad sin parangón.
Algo extraño había ocurrido en ese mundo desolado. Una civilización no desaparece así porque sí pensaban los cuatro tripulantes de la 9 de julio. Y el solitario y doloroso planeta era una clara muestra de que había sido algo terrorífico y fulminante.
Todos los bio-sensores de la nave aseguraban que ya no existía ni una mota de vida en el planeta.
Todos menos uno.

Ada y Nave.

- Maldigo la hora en que tuvimos que descender en este planeta - afirmó Ada; que debía hacer un enorme esfuerzo para dar cada paso con el traje – A quién se le pudo ocurrir semejante tontería. No hay nada lindo en este planeta. Qué le vieron de interesante.
- A mí - le contestó Nave a través del comunicador - A mí se me ocurrió Ada. Aunque la decisión de descender no fue mía en realidad, yo solo me limite a cumplir con mis directivas. No tuve opción. Pero el capitán si, él tenía la última palabra. Él fue quien decidió explorarlo.
- Si, lo sé. Sé que no depende de ti tomar las decisiones de la misión, pero seguramente te habrá parecido interesante bajar y estudiarlo.
- Como te dije Ada no depende de mí, yo soy solo circuitos y cables como decía Josefina. La presencia del planeta activó uno de mis programas de exploración y ya no pude hacer nada para evitarlo.
- Que feo no poder decidir qué hacer y qué no – sentenció Ada. Su vocecita se escuchaba temblorosa y asustada dentro del casco, pero decidida - Mi madre siempre me decía que nunca hiciera lo que no quisiera hacer.
- Pero en este caso no fue tan así Ada. De haber sido yo el capitán seguramente habría tomado la misma decisión. El hecho justamente de que el planeta estuviera tan desolado y con esas señales tan claras de que alguna vez tuvo vida inteligente es algo muy difícil de resistir. En el fondo no se trata más que de pura curiosidad Humana. Aventura, ciencia y descubrimiento al mismo tiempo son un coctel demasiado irresistible, incluso para una computadora como yo.
- Para mí no. Para mí era horrible. Era lo mismo que entrar a un cementerio de noche. No le veo ni la aventura ni la ciencia a algo tan feo. Si hubiera dependido de mi habríamos descendido en un planeta hermoso, de aguas violetas cristalinas y con hermosas plantas de colores.
- Si, probablemente tu inocencia y candidez nos hubieran salvado.
De pronto Ada se detuvo, incluso pareció que dejaba de respirar.
Nave analizó los indicadores externos e internos del traje. Los externos le aseguraban que Ada por fin había llegado al hueco.
Los internos, que estaba paralizada por el miedo. Para colmo, para atemorizarla aún más, del interior oscuro y misterioso del túnel emanaba una corriente de aire aún más gélida y que clamaba como un fantasma.
Transcurrió un tiempo que a Nave le pareció interminable y que al corazón de Ada lo más parecido a la muerte.
 Entonces Ada por fin suspiro, se agachó y observó aterrorizada el interior del hueco. El hueco no tenía más de un metro de circunferencia y era escarpado y tenebroso. El indicador de temperatura exterior de su traje marcaba casi veinte grados bajo cero.
Tenía que entrar, sabía que no podá dejar de hacerlo.
Sintió escalofríos, aunque sólo de trataba de un sentimiento porque su temperatura corporal, controlada por el traje, era óptima.
- El traje responde bien Ada. - le comentó Nave - Tranquilizate.
- Si, lo sé, pero tengo miedo. Esto está muy oscuro. Estás seguro que no hay ningún tipo de peligro. Hay un silencio y una oscuridad espeluznante.
Ada recordó que de pequeña le tenía pánico a la oscuridad o al quedarse encerrada en un placar o en una gruta o en una cueva y que nadie escuchara sus gritos. No le gustaban los espacios cerrados y recordaba viejos videos de chicos que habían caído en huecos o por diminutos caños en los conductos de ventilación de la base en la luna y tembló. Pensó que si algo fallaba quedaría atrapada en el túnel y moriría de angustia y de asfixia. Aunque ese era el menor de sus problemas, porque el túnel también podía derrumbarse.
- Ada, vas a entrar.
- No tengo alternativa. Ellos están ahí y alguien debe ayudarlos y tú desgraciadamente para mí no podes salir de la nave... Sos la nave en realidad.
- Pero por ti lo haría Ada. Creeme. Si fuera posible por ti lo haría. Iría hasta el centro de este inhóspito planeta con tal de ayudarte.
Ada agradeció el comentario de Nave. Nave era un ordenador, lo último en inteligencia artificial de algoritmos genéticos “GA” acumulativos, ella sabía de lo que era capaz esa máquina, pero fingir un comportamiento humano, demostrarle un poco de cariño en esos momentos difíciles, le venían demasiado bien, le daba un poco de seguridad y seguridad era lo que más necesitaba. Después de mirar por enésima vez el pasadizo tratando de encontrar algo que la impulsara a meterse dentro tomó valor, aspiró, puso el cronometro en cero como le enseñó Nave y se metió a horcajadas en el hueco.

Lo que no tenía presente Ada era que Nave de verdad sentía ese sentimiento por ella. Aunque no le gustaba que lo llamaran Nave. Desde el mismísimo momento en que los otros tres tripulantes habían desaparecido y ellos dos se habían quedado solos dentro de la 9 de julio (solos en ese mundo desolado que los había recibido con una crueldad para la cual ninguna enseñanza ni academia espacial ni subsistema de aprendizaje los había preparado), Nave llegó a sentir algo mucho más allá del compañerismo o la unión tripulante ordenador básica. Sentía algo inconcluso, un hueco en sus factores de certeza difícil de compilar. Algo que no tenía forma; y por mucho que investigó y cotejó en sus rutinas, subsistemas de experiencias y algoritmos de comportamiento humano almacenados en su memoria no encontró nada; solo un bucle vacío. Era algo que no podía comprender; y el solo hecho de analizar o calcular posibles casos o probabilidades de quedarse solo, sin Ada, le asustaba. Tras largos análisis llegó a la conclusión que no era miedo a quedarse solo sino miedo de perder a Ada, de que Ada muriera.
Ada desconocía las confusiones de Nave; la desigualdad entre sus algoritmos, sus percepciones y sus parámetros de incertidumbre. Asustada y al borde del llanto recorría cuerpo a tierra el interior desolado, oscuro y tenebroso del hueco ayudándose con los codos. Para colmo el reflector del casco iluminaba tan solo unos metros por delante y desconocer qué le esperaba más allá de la luz aceleraba su corazón hasta límites exorbitantes. Por momentos pensaba que ese perverso y horrible ser maligno del que hablaba Nave se presentaría delante de ella y en la dificultosa posición en que se encontraba, aprisionada por las paredes del hueco, no podía ni correr, ni cubrirse, ni siquiera dispararle con sus armas porque el traje de combate no había sido pensado para huecos de ratas sino para usarlo parada. "Dios mío que hago aquí", se dijo. Estaba muy nerviosa, temblaba y respiraba como si fuera la última vez en su vida.
- Ada tenés que calmarte. - le dijo Nave modulando el tono de su vos para infundirle calma - Por favor. Tu ritmo cardíaco va demasiado rápido. Si lo deseas te cuento unos chistes o comentarios que el capitán me ha contado en otros momentos menos turbulentos.
- No, te lo agradezco. Sos una computadora demasiado compasiva Nave, pero no puedo. Tengo que concentrarme. Esto está muy oscuro y apretado. ¿Cuánto falta para llegar al final Nave? No sé si voy a poder resistir esto.
- Poco. Ya falta poco.
- Ya sé que me estas mintiendo. Pero igual te lo agradezco.
- Nosotros no mentimos, desgraciadamente no podemos.
Ada continuó reptando. Por momentos el túnel presentaba una angostura tan estrecha que debía inclinar su cuerpo para pasar; introducir primero la cabeza, después girar el tórax y por fin superar el escollo. En esos momentos creía que sus pulmones implosonarían. Le costaba respirar como si las oscuras paredes del túnel fueran unas poderosas garras comprimiendo su pecho. Se detuvo un segundo y sintió todo el peso del planeta sobre su cuerpo y le entró el pánico.
- Dios mío, no doy más. Por favor quiero salir de aquí. Basta
- Un poco más Ada. Aguantá que ya estas cerca. El capitán, Ariel y Josefina están ahí. Lo sé. Solo unos metros más y podrás rescatarlos.


El planeta.

Días atrás, cuando la 9 de julio transitaba cerca del planeta: Nave cambió el curso original. Algo le decía que debían aterrizar en ese planeta difunto y estudiarlo aunque al parecer no había nada extraordinario en el como para detenerse. No era ningún sistema de ejecución de órdenes ni memoria en sus circuitos, era como un destino digital. Así lo llamó Nave más tarde. Una especie de llamada interna. Al principio la actividad de descubrir un nuevo planeta mantuvo a la tripulación en una especie de ensoñación y optimismo sin igual. Más tarde esa alegría inicial se transformó en una terrible desazón. El planeta se encontraba desolado, yermo y presentaba las terroríficas cicatrices de un evento destructivo, un evento desconocido de escala planetaria. No había signos de alguna hecatombe natural, ni climática, ni signos de que en este sistema estelar hubiera acontecido algo con la fuerza y el sigilo necesario como para arrasar el planeta de esa manera. No había ni un solo organismo con vida. Nada. Solo la muerte. Y el viento. El viento que se te colaba por los intersticios del traje helándote la piel y sacudiendo la 9 de julio no hacía más que aumentar ese sentimiento de desolación total. Solo la máquina de Turing, una nueva invención que casi nadie sabía cómo funcionaba, parecía detectar una inteligencia en el planeta, una forma de vida indetectable para los instrumentos comunes.
Sin meditarlo demasiado el capitán dio la orden de ponerse los trajes para bajas temperaturas y descender a estudiarlo y buscar qué producía esa extraña signatura de vida en la máquina de Turing. Fue con Josefina. Ariel se quedó con Ada dentro de la nave en científica y exploración. En realidad la misión principal de la 9 de julio era encontrar un nuevo planeta; un posible candidato donde se pudiera establecer una colonia humana. La tierra ya no tenía espacio suficiente para tanta población y la humanidad había empezado a buscar planetas para asentarse y terraformar. Los tripulantes de la 9 de julio eran todos excelsos astrónomos, científicos, pilotos e incluso una socióloga todos con un coeficiente intelectual increíble. Se mandaba a lo mejor de lo mejor de las mentes humanas a esos largos viajes.
Menos Ada.
Ada era el tripulante que al parecer tenía el coeficiente más bajo de todos y, aunque Nave buscó y buscó en su red neuronal, Ada no se destacaba en ninguna disciplina su única función aparente parecía ser la de acompañar; estar siempre cerca de los demás, dándoles amor y por sobretodo escuchándolos.
Algún loco científico neuronal había teorizado que todas esas mentes extraordinarias encerradas meses y meses necesitaban de un “cable a tierra”. Profetizó que de lo contrario competirían entre sí y que la envidia y mezquindad a la larga dominarían el ambiente claustrofóbico de una nave interestelar y el final sería catastrófico. A más inteligencia mayor complejidad. Las personas menos inteligentes están más conectadas con sus sentimientos más primarios. Cuando quieren comer comen, cuando sufren lloran, si algo les alegra ríen y no escatiman en nada cuando quieren amar. Se probó esta teoría en ambientes cerrados por algunos meses y los resultados fueron avasallantes. Las grandes y complejas mentes se concentraban más en sus tareas diarias y rendían más en esos ambientes oprimidos cuando tenían un cable a tierra. Al final de las pruebas las tripulaciones con estos “cables a tierra” terminaron las pruebas más felices y contentas que las que no las tenían.
Aunque muchos pensaban que la teoría de los “cables a tierra” funcionaba en la práctica porque atenuaba esa deleznable costumbre del ser humano de creerse siempre más que los demás.
Pero todo el cariño y dedicación de Ada no había servido mucho cuando comenzó la locura. El capitán y Josefina fueron los primeros en caer bajo el hechizo silente del planeta. De un día al otro parecieron enfermar o enloquecer paulatinamente. Cada día que volvían del exterior parecía que algo de ellos los había abandonado. El capitán comenzó a golpearse la cabeza contra cualquier arista filosa que encontraba dentro de la nave y Josefina se había vuelto una piro-maníaca prendiendo fuego desde su ropa hasta cualquier cosa suelta que encontraba por ahí. Hasta que un día los dos se calzaron sus trajes, salieron y comenzaron a caminar sin rumbo fijo. Al principio en una línea recta errática alejándose de la 9 de julio después, extrañamente, empezaron a dar vueltas en círculos alrededor del hueco. Decían que no se encontraban entre ellos mismos. Se llamaban a los gritos. En realidad respiraban a metros unos del otro, pero por alguna razón no podían verse. No querían verse en realidad. Después comenzaron a decir que una presencia maligna los llamaba y pretendía atormentarlos. El capitán casi desconecta su traje y se lo saca creyendo que tenía un animal extraño caminando por su piel. Josefina creía que su hijo, que había muerto quemado en un accidente en el puerto espacial de Júpiter, deambulaba dentro del hueco que ahora recorría Ada. Se internó en el túnel y una vez ahí desconectó el traje y se dejó morir de frío e inanición. Duro dos semanas hasta que Nave no recibió más señales de ella. El capitán gritaba que el bicho había trepado hasta su cráneo y pulsaba en su mente, le susurraba, lo atormentaba.
Nave estudió el cerebro del capitán con los sistemas de control vital a control remoto del traje y graficó el fenómeno. Algo extraño, como una especie de ola de inactividad neuronal empezó en un extremo de su cerebro y avanzó exponencialmente hasta cubrirlo por completo como si le hubieran inyectado un supresor sináptico. Pero era más que eso; en realidad la gráfica mostraba una sombra que se iba apoderando paulatinamente de la mente del capitán, una oscuridad parecida a la muerte.
Durante los acontecimientos se registraron actividades extrañas fuera de la “9 de Julio” como si un ente maligno y oscuro estuviera rondando, esperando para dar el zarpazo final, para abalanzarse sobre la nave. Ariel el exobiologo especialista en vida en ambientes extremos opinaba que una extraña forma de vida malvada se había apoderado del planeta. Nave había detectado varias veces esa presencia con la máquina de Turing. Ariel estaba muy asustado. Decía que la vida siempre dejaba marcas y huellas fáciles de detectar, pero en este planeta no, dijo.
   - Este planeta está plagado de huellas de muerte.
Ada no decía nada, nunca decía nada, solo lloraba.
Un día después de que no se recibieran más señales desde el traje del capitán Ariel se calzó uno y se dirigió a ese lugar tenebroso que llamarón el hueco. Dijo que iba a traer a Josefina que aún presentaba signos de vida, pero tampoco regreso, le ocurrió algo similar al capitán. Pero él no se dejó morir ni creía que un animal caminaba por su piel: a él un bicho se lo fue devorando paulatinamente comiéndole la carne sin llegar a los huesos, comenzó por sus pies, según Ariel, hasta llegar a su rostro. El animal se lo devoró sin matarlo durante días. Y el eco de la agonía y los gritos desgarradores de dolor de Ariel retumbaron en la nave durante varios días más. Por supuesto Nave no detectaba estas actividades, solo contemplaba los sucesos con las cámaras exteriores de los cascos, veía absorto como los tripulantes actuaban sus locuras internas y nada más.
Dos semanas después Josefina también moría y el ente se dirigió hacia la 9 de julio. Durante días estuvo rondando perversamente por los alrededores pero sin entrar. Por alguna razón desconocida no termino su nefasta obra. Nave intentó escapar del planeta con el único tripulante vivo que aún le quedaba; pero no podía manejar la nave, no podía ponerla en movimiento. En realidad para eso había sido construido, para manejar la nave, pero no podía; cada vez que intentaba acceder a alguno de los programas, subrutinas y algoritmos de manejo toda la 9 de julio se apagaba, como entrando en una especie de cuelgue del sistema, solo quedaba encendido el procesador central, el cerebro de Nave, y se encendía la máquina de Turing. Por suerte Nave podía resetear el sistema y todo volvía a la normalidad. Para colmo Ada no sabía cómo pilotear y era imposible enseñarle a hacerlo.
La primer semana en soledad Ada lloro sin parar, la otra estuvo moviéndose por la 9 de julio como un león enjaulado, llevando una vida de paría, sin comer, ni beber, ni cambiarse ni nada, cantando todo el tiempo, sumergida en una especie de trance, como si la tristeza por la muerte de sus compañeros se hubiera apoderado de sus actos. Casi se muere de tristeza. Era un ser extraño, pensaba Nave, hermoso, pero frágil como una flor.
Sin agua y sin cariño se marchitan irremediablemente.
Nave encontró en su banco de datos que algunas mascotas se dejaban morir cuando sus dueños fallecían. Y eso representaba en realidad Ada para la tripulación instruida de la nave: una mascota.
Hasta que por fin un día habló.
- Nave tenemos que hacer algo. No creo que estén muertos.



Entonces Nave le enseñó a Ada como manejar el traje y la preparó para descender de la 9 de Julio. Cuando abrió la compuerta y se despidió de ella para Nave fue peor que si lo desconectaran. Cuando los demás habían muerto y, aunque no entendía la muerte como lo hacían los humanos, no encontrarlos, no poder controlarlos ni hablar con ellos le causó algo parecido al dolor, al cuelgue del sistema. Pero en el instante en que Ada abandonó la 9 de julio comprendió que era mejor desconectarse que continuar sin su presencia. La muerte para Nave era solo información en su banco de memoria, un eufemismo. Sin embargo Nave quiso saber que se sentía, qué era eso de dejar de existir. Inclusive una vez, cuando la 9 de julio sufrió uno de esos cuelgues del sistema, Nave utilizo su subsistema de Adquisición del conocimiento para aprender. Desconectó todos sus circuitos internos y externos durante una millonésima de segundo para simular la muerte. Sólo dejó en funcionamiento su procesador central que funcionaba a una velocidad increíble. Es que la nueva arquitectura de Nave de algoritmos genéticos “GA” le permitía evolucionar y algunas instrucciones o “genes” azarosos desperdigados intencionalmente por su red neuronal aprender y crecer.
Para lograr un mayor acercamiento creo una especie de rutina que desaceleró su frecuencia de procesamiento hasta casi la detección; e instruyó a Ada para que si no encendía en dos segundos encendiera ella misma el ordenador central. No era muy difícil. Durante esa letanía y casi en la inmovilidad de todos sus circuitos neuronales, Nave experimentó lo más cercano a la no existencia, a la muerte humana. Experimentó una sensación de inconsistencia eterna imposible de compilar; cómo si no sirviera para nada. Pero fue el miedo a no regresar lo que más le aterrorizó, tanto que perdió el control, tanto que casi extravía todo aquello que lo hacía una inteligencia artificial de vanguardia aunque no sabía qué era o cómo lograba esa conciencia digital. Por suerte Ada lo trajo de vuelta a la vida. Como un ángel. Fue lo primero que recibió cuando regresó a la actividad: la presencia dulce e iluminada de Ada. Ella estaba paralizada del miedo, con el rostro desfigurado por el terror. Le dijo que el ordenador central no encendía que había hecho todo lo que le había enseñado pero no encendía.
Más tarde Nave comprobó que Ada no había cumplido bien los pasos. En realidad nunca lo hizo bien, fue como un golpe de suerte.  Increíblemente Ada había olvidado todo y en su desesperación, al borde del paro cardiaco, tocando los botones al azar, pudo resetear el sistema.
- No lo hagas más - le imploró ella.
- Por qué - le preguntó Nave - ¿Tenés miedo de quedarte sola?
- No… Porque te extrañaria mucho.


El pasadizo se angostaba, era imposible moverse y también darse vuelta. Ada detuvo su andar y comenzó a gritar - El traje Nave. El traje se rompió. Lo siento. Siento que el aire me abandona.
- No. Te lo juro Ada, creeme. El traje está bien, por ahora resiste.
- Pero...
- Pero nada Ada. Creeme. Daría la vida que no tengo por que estés bien y si te digo que el traje está bien es porque está bien.
Nave comenzó a recitar un poema. Ada no supo por qué se le había ocurrido pero escucharlo dentro del casco era casi como escucharlo desde su propia mente y se tranquilizó un poco; además el pasadizo se amplió y pudo relajarse y respirar. Debía calmarse. Lo sabía. El recoveco era insoportablemente angosto y sombrío como para darse el gusto de ponerse nerviosa. Además tenía frío. Titiritaba dentro del traje. Pese a que estaba casi sepultada por toneladas de planeta igual sentía el gemido de ese viento implacable a su alrededor. Cercioró que la temperatura interior del traje no descendiera demasiado como le había enseñado Nave y comprobó que si tenía frío era un frío psicológico. Aunque por fuera el planeta parecía un montón de escarcha apretada con casi veinte grados bajo cero, dentro del traje la temperatura estaba controlada. "No tengo frío" se dijo, "no hace frío", se repitió esperando autoconvencerse. Pensó en preguntarle a Nave si el traje resistiría temperaturas tan bajas, pero sabía que le contestaría que sí. Cuando dejó de titiritar y estabilizó su respiración continúo internándose en la opresiva negrura del hueco. "Si salgo de está voy a buscarme un hombre para vivir a su lado y amarlo como a nadie"
Mientras Ada se deslizaba a través de ese charco de angustia y opresión Nave controlaba todos sus movimientos y signos vitales. Para lograr una mayor efectividad apagó algunos circuitos y procesos interiores de la 9 de julio que no necesitaba y puso todos sus esfuerzos en Ada. El corazón de Ada latía. Se aceleraba. Se tranquilizaba pero no dejaba de latir. Cada latido de Ada sonaba en los circuitos lógicos de Nave como una melodía. Cada latido de Ada era un golpe de energía en las sinapsis lógicas de su procesador central. Y le gustaba. Nave no podía comprender por qué le gustaba. Parte de su red neuronal era de resonancia cuántica y pensó que podía ser eso. Pero no podía ser porque solo le gustaba escuchar los latidos de ella. No comprendía realmente si aquello era gustar, pero deseaba seguir escuchando el tierno y asustado latir de Ada.
- Ada me gusta como late tu corazón
- ¿Qué?
- Sí. Tu corazón. Late y es hermoso.
- Me parece Nave que estos no son momentos para entablar una de esas discusiones lógicas que a vos tanto te gustan y yo no comprendo. Por más que pretendas distraerme.
- No es ninguna discusión lógica ni pretendo distraerte: es la verdad. Me gusta sentir como late tu corazón. Escucharlo. Controlarlo. Es raro, pero con los otros no me sucedía lo mismo.
- Bueno, no sé, te lo agradezco, pero por favor sacame de acá Nave. No puedo más. No puedo respirar. Ya es demasiado para mí. No estoy acostumbrada a esto. Ayúdame a salir por favor.
- Ada, no tengas miedo, de sucederte algo sería capaz de arrancarme de mis circuitos e ir en tu ayuda - Sabía que eso era imposible pero Ada seguramente no.
- Gracias, lo sé, sé que así sería. En serio… - se tranquilizó un poco.
- Nave…
- Qué
- Me gustaría llamarte de otra forma, Nave es la nave, tu no eres la nave, tu eres cómo… cómo… sos como un amigo… no, perdón, más que eso, en realidad jamás tuve un amigo verdadero como tu… Nave… decime ¿Cómo te gustaría que te llamara?
Nave no podía entender lo que experimentaba en sus circuitos en ese momento; a el que justamente no le gustaba que lo llamaran Nave. Pero era su trabajo y para eso lo habían creado. Ada no paraba de sorprenderlo día a día, segundo a segundo Nave ya sabía cómo le gustaría que lo llamaran; había buscado en su memoria un nombre para él y lo encontró en mitología, en los antiguos nombres de las computadoras cuando recién habían sido inventadas.
- Hal - dijo
- Me gusta Al.  Por qué Al.
- No sé por qué pero me gusta como suena.
Los censores del traje de Ada enloquecieron nuevamente.
- Ada ¿Qué te sucede?... Ada… ¿Qué pasa?
Ada jadeaba. Cada paso le pesaba más y más. La cabeza le parecía de plomo. Y encerrada en el casco le pesaba aún más.  Se asfixiaba.
- Voy a quedar atrapada aquí Al - gritó Ada seguido de unos jadeos roncos - Dios. Al, sacame de aquí - y más jadeos.
Nave pensó. Hacía días que venía observando a Ada; desde el instante mismo en que comenzaron las maniobras de aceleración para abandonar la luna la había observado con una profundidad poco común. La observaba mientras se bañaba o mientras descansaba en su habitación. Recordó que Ada siempre escuchaba una canción en especial y la tarareaba y pensó que con la canción podía tranquilizaría. Buscó en los archivos y la encontró, la corrió y se la transmitió al casco. Ada escuchó como la canción que más le gustaba sonaba dentro de su casco y comenzó a llorar. Segundos más tarde Nave comenzó a tararearla y Ada, entre lágrimas y jadeos, terminaba las frases cantando con él. Nunca le había dicho a nadie que escuchaba esa canción porque era el recuerdo de un viejo amor suyo en la base lunar.
Después de un rato empezó a reír. Primero una leve risita entrecortada y más tarde una carcajada que retumbó en el casco.
- ¿Qué te causa gracia Ada? Tan mal canto.
- No... No es eso… Cantas bien pero... ¿Me estuviste espiando no?
- Espiando... No… Perdón. Si espiar es mirar a una persona sin que esta lo sepa. Sí. Te estuve espiando, pero estaba controlando que no te sucediera nada malo.
- ¿Qué me podía pasar?
- No lo sé, pero desde que salimos mis memorias y mis circuitos me forzaban a protegerte todo el tiempo. Para que sepas mi tiempo de protección hacía ti fue del 85,956385 por ciento. Los demás se reparten lo que queda casi en partes iguales, incluida la nave.
- Bueno, te agradezco - cuando terminó de reír le preguntó - Al.
- Qué Ada
- Encontré tu dibujo la otra noche, me encanto, era hermoso, cómo lo hiciste.
- Use uno de los láseres de la sección de medicina, ajustándolo al mínimo y lo apunte a un trozo de papel controlando los movimientos.
- Gracias, es lo más hermoso que me han regalado en la vida.
Nave no entendía porque se interesaba en Ada cuando a los demás casi les parecía un estorbo, sólo se acercaban a ella cuando necesitaban cariño o alguien que los escuchara. Y en especial cuando les estaba por asaltar una rabieta. Todo el tiempo lo consumía sentada observando como los demás trabajaban. Nave apuntaba sus cámaras y sensores hacía ella en esos momentos y Ada parecía una estatua, lo único que demostraba que estaba viva, era el movimiento de sus hermosos y brillantes ojos siguiendo la actividad ajena y a veces un leve susurro de sus labios tarareando alguna canción de las que ella escuchaba. Los escaneos cerebrales no mostraban casi ninguna actividad intelectual, solo su cantar mostraba un dejo de inteligencia. Pero algún cráneo propuso que en las largas estadías en el espacio, esas mentes prodigiosas necesitan alguien como Ada para mantener el equilibrio. Alguien simple, dulce, como una especie de oasis. Y funcionaba. Y él que era la mayor inteligencia viajando en la 9 de julio había descubierto que Ada lo era todo. Que sin Ada nada hubiera funcionado bien.




Sin darse cuenta Ada había llegado al final del oscuro y tenebroso túnel. El hueco se había transformado en una cueva, la misma en la que los demás habían enloquecido
- Nave… Al… qué ves. ¿Notas algo?
- Espera un poco Ada. A menos de cien metros de donde te encontrás ahora están los cuerpos del capitán de Josefina y Ariel.
- Qué es este lugar. Es enorme.
- No lo sé Ada, una especie de cueva. Seguramente un lago subterráneo que se secó junto con el planeta.
- No te escucho bien Al. Sopla el viento y siento como si una ola de frío… Dios no puedo resistirlo más.
En la oscuridad que la rodeaba Ada no podía ver el viento pero el micrófono exterior le decía que el aire silbaba a su alrededor. Aire frío que empañaba el vidrio del casco.
Encendió el desempañador y activo la cámara superior.
- Un momento Al… me parece que se desconectó el micrófono cómo lo enciendo.
- No puede ser, fíjate bien porque yo lo tengo en funcionamiento óptimo.
- Nave te escucho lejos por favor modula la señal. Al. Al
- Ada tenés que escucharme bien.
- Al el calentador se apagó, tengo frío. Tengo miedo. Al, no me dejes sola… Por favor… hay alguien ahí. Lo siento. Por favor sacame de aquí.
- Ada estoy con vos, te escucho. Tranquilizate, todo está bien.
- Hay mucha oscuridad. Tengo frío. Alguien me está observando. Yo, yo...
- Ada, tenés razón, siento que hay algo ahí. No avances. La cámara. Hay una sombra a tu derecha, disparale. No espera yo le disparo, por vos. Ada. Me escuchas… Todo está bien… Ada… Ada.
De pronto la cámara pareció golpear contra un muro de piedra y se desconectó. Nave precisó de varios segundos para ponerla en funcionamiento. La imagen que llegaba a su centro de procesamiento estaba como inclinada en un ángulo imposible. Al principio creyó eso, pero después de una millonésima de segundo, una eternidad para él, comprendió lo que estaba sucediendo. Ada había caído al piso. El foco le señalaba el fondo escarpado de la cueva pero nada más. Por suerte el traje funcionaba a la perfección. Todo funcionaba a la perfección pero Ada yacía en el suelo y no respiraba. Nave ya no escuchaba sus respiraciones. Ni el hermoso latido de su corazón.
- Ada no. Ada contestame.
Aumentó el volumen del controlador cardiaco pero solo recibió silencio, una raya continua de muerte. Intentó revivirla mediante el desfibrilador remoto. Un-mil, dos-mil, tres-mil, un golpe eléctrico. Nada. Accedió a los controles médicos del traje y le administró varias inyecciones, pero sin ningún resultado. Intentó nuevamente con el desfibrilador, pero no había respuesta. La cámara se separaba del piso y volvía a caer y la imagen se oscurecía una milésima de segundo pero nada. La línea seguía su curso recto. Lo intentó otra vez.
- Ada, por favor, no te vayas, no me dejes solo.
Uno, dos, tres y de nuevo el cuerpo se despegó del piso. La pared escarpada de la cueva se iluminó por un segundo para luego iluminarse el piso, pero el corazón de Ada continuaba sin latir. Aumentó el volumen de su vos y entonó de nuevo la canción. Pero no obtuvo respuesta. Los latidos no respondían. Habían enmudecido.
Probó una vez más, pero de pronto la cámara se apagó y no volvió a encenderse. Segundos después el desfibrilador también perdía potencia.
- Ada. Porqué vos. Porqué.
Nave experimentó en su red neuronal algo parecido a la amargura, a la tristeza y la soledad. Una ola de incertidumbre avanzaba por sus circuitos como si se estuvieran apagando uno a uno todos sus componentes o no supiera que hacer con sus programas y rutinas de software. No quería quedarse solo en el planeta y mucho menos perder a Ada.
Transcurrieron unas horas de silencio conectado al traje de Ada, como si esperase a que volviera de esa muerte inútil, ansiando escuchar el golpeteo de su corazón o la melodía de su respiración entrecortada. Una y otra vez rebobinó la canción que a ella le gustaba. Hasta que, no supo cuánto tiempo había transcurrido, pero el traje se fue apagando de a poco. Sin vida en su interior se desconectaba automáticamente. Nave dejo funcionando solamente lo básico, como lo había hecho con los otros.
Solo. Asustado. Busco en su base de datos si en algún otro instante anterior le había sucedido lo mismo. Pero no halló nada, únicamente unos algoritmos y una serie de órdenes y rutinas a seguir en caso de que toda la tripulación de la nave hubiera muerto o desaparecido; un programa en el fondo de su memoria que podía liberarlo de esa soledad y abatimiento.
Ada no…
Accedió al subsistema.
Se desconectó del traje y regresó a controlar la nave.
Era una alternativa que ningún ser humano podía darse el lujo de utilizar.




- Ada. Capitán. Ariel. Josefina. Están ahí. Son ustedes… Por favor… Estoy solo.
Nada. Modulo al máximo todos los sistemas de escucha. Potenció al máximo la máquina de Turing y nada.
- Ada estas ahí. Por favor.
Transcurrió un larguísimo minuto de silencio en el que casi pudo sentir la rotación del planeta sobre su eje. Un mutismo opresivo y dañino. No estaba preparado para eso. Para no escuchar la vos de nadie; para no recibir comandos; y el no recibir órdenes, propuestas o ruinas era lo más cercano a la muerte y eso lo aterrorizaba.
- Tengo miedo.
Algo avanzaba hacía la nave.
Los sensores de movimiento no detectaban movimientos, no detectaban vida, ni sombras, solo una leve perturbación en el campo eléctrico, y frío, la temperatura exterior había descendido a niveles increíbles.
- Capitán, Ada, Ariel, Josefina. Hay algo vivo ahí. Se acerca a la 9 de julio. Por favor no me dejen solo. Tengo Miedo.
Y eso fue lo que sintió. Miedo. No sabía cómo y tampoco encontró algún subsistema de experiencia o aprendizaje etiquetado miedo, pero sentía cierta preocupación, un convencimiento casi matemático de que dejaría de existir, un atractor que convergía al cero absoluto de transferencia de información. Miedo, pánico, temor. Había escuchado mil veces esas palabras de los tripulantes de la nave. También las había expresado sólo para graficar algún peligro o situación parecida al peligro; para eso si estaba preparado, para reaccionar ante un ataque externo. Sin embargo, ahora, ese miedo lo embotaba; todos sus circuitos, inclusive toda la 9 de julio, parecían funcionar a una velocidad más lenta que los primeros ordenares a válvula.
Lo que más lo paralizaba era la máquina de Turing que oscilaba endemoniadamente captando un ente inteligente y malvado acercándose. Era tan fuerte que todos sus circuitos temblaban.
Lo sabía. Todo el tiempo había estado pronosticando la existencia de una especie desconocida deambulando en el planeta. Descubrió que ese ser era muy parecido a él: pura información y energía, pero este ente había logrado existir fuera de la prisión de los circuitos lógicos. Inteligencia pura en una bruma sináptica o plasma en movimiento. Incluso lo había graficado, y había sido una experiencia lo más parecida a soñarlo; y, aunque Ada y el capitán le habían asegurado que no podía soñar. Él lo había soñado. No podía creer que en tan poco tiempo sus circuitos y su memoria se cargaran de tantas percepciones extrañas y al mismo tiempo tan vivas como en los últimos días.
Aunque en realidad no recordaba cuanto tiempo había estado aislado en la nave, vagando entre los distintos componentes, añorando a Ada.
Al… ella lo había llamado Al como si fuera una conciencia natural no una IA. Lo había tratado como a un tripulante más de la 9 de julio. No, mejor que eso, pensó, un amigo. Un amigo había dicho Ada. Pensar en Ada le traía siempre ese sentimiento parecido a la reparación, de paz, de tener todos los sistemas funcionando a pleno y en línea. Pero la experiencia duro poco: la cosa malvada ya golpeaba el casco de la nave.
- Capitán solicito permiso para decidir por mí mismo las defensas a poner en marcha - Esperó un segundo sabiendo que el capitán ya no existía pero eran rutinas de acceso y subsistemas de control que debía cumplir. La contestación no llegó y el ente no se detenía, atravesaba las compuertas de acceso como si no existieran y un flujo de maldad inundaba la nave. Debía actuar por sí mismo, combatir el peligro, defender la 9 de julio, luchar por su nueva existencia, luchar por Al.
Lo intentó todo. Láseres, pequeñas bombas de fusión, incluso descargas tratando de cambiar la polaridad neuronal de la cosa, pero nada. Intentó atrapar al ente cerrando su pasó a través de la nave, pero le fue imposible, el ente no parecía detenerse ante nada. Es más, pensó, no tiene consistencia. Es nada más que energía pura. Inteligencia bruta. Una conciencia cuasi artificial. Perversa.
Intentó poner en su camino desde los robots de aseo hasta los elevadores del hangar pero nada lo detenía. Tenía miedo. Descubrió que en realidad sentía pánico. Estudió el funcionamiento de la máquina de Turing y copió en su memoria los algoritmos del programa de funcionamiento. Cruzó los dedos, esperando que ese nuevo soft al que llamó MT le permitiera divisar al ente, y de pronto lo encontró, lo sintió en realidad.
- Ahora si… - dijo - Ahora si te veo…
Grafico la visión. Era horrible. Maligno. Repugnante. Jamás había apreciado percepciones cómo esas. Trató de definir el sentido de lo que sentía y llegó a la absurda conclusión de que lo que sentía era el alma del ente o su espíritu maligno a lo sumo. En si el ente era eso, una conciencia energética o un espíritu maligno. Y no le gustó para nada lo que sentía.
El espíritu, pura energía y maldad llego hasta la sala donde se almacenaban los clones de los colonos, los que al llegar al planeta de destino, no este, serían los encargados de comenzar a conquistarlos. Además la 9 de julio llevaba miles de registros de ADN de casi todas las especies de la tierra, esperando renacer para conquistar el planeta y varias máquinas de reconstrucción genética. El Ente deambuló por entre los colonos, parecía estudiarlos, rodearlos como si pretendiera sacarles la vida que por ahora no tenían.
- No los toques. - grito por los altoparlantes. Y el espíritu abandono la sala de clonación. En realidad ningún instrumento lo detectaba solo la máquina de Turing y su programa: el MT. La grafica del MT lo presentaba como una oscura y tenebrosa presencia. Como sombras en movimiento. A su paso las luces se apagaban, todo perdía energía. Nave trató de encender los mecanismos que el ente había tocado, pero le fue imposible.
El ente recorrió integra la nave y la nave se sumió en oscuridad y detención.
Me está acorralando pensó y nada podía hacer para impedirlo. Toda la inteligencia de la nave, que era él mismo, ocupaba cada vez menos espació, tenía cada vez menos percepciones y, al final, sólo le quedaron dos compartimientos. La nave, su cuerpo, se había convertido únicamente en dos habitaciones. La sala donde estaban los clones y su procesador central. No le quedaba más que eso.
Entonces experimentó algo parecido al dolor, como si le hubieran extirpado partes de sus circuitos lógicos; era una sensación totalmente opuesta a pensar en Ada; casi todos los sistemas habían dejado de funcionar o ya no estaban en línea y necesitaban reparación.
- Ada… Ada, por favor ayudame. Es indestructible. Auxilio.
Antes de entrar en el procesador central el ente se detuvo nuevamente en el hangar. Avanzaba con una parsimonia repulsiva, obscena, como arrastrándose o reptando.
- Que quieres, ahí no hay nada para vos - le gritó; pero era mentira, algo de esa habitación parecía interesarle al ente; los clones pensó, el ADN, toda la historia genética de la humanidad. Un ser como el ente, pura energía y maldad, conociendo de esa manera tan esencial al hombre, podía ser más destructivo que el diablo, se transformaría en el anticristo. Intentó frenarlo pero le fue imposible, ya no tenía con qué. Ningún dispositivo funcionaba, solo la máquina de Turing y su conciencia, pero pensar no le servía de nada, solo lo asustaba más y más. Segundos después el ente dirigió toda su maldad hacía él. 
- ¿Dejas lo mejor para el final no maldito?
 Pensó, puso toda su inteligencia y lógica artificial en analizar la situación y llegó a la conclusión de que lo único que le quedaba era encerrarse, desconectarse totalmente y almacenar su conciencia en una unidad de resguardo; desde ahí pensaría la forma de derrotarlo.
Lo hizo. Desconectó todo, inclusive la máquina de Turing y se encerró. Lo último que experimentó fue la presencia de esa maldad cerca de él y de una oscuridad lasciva y la terrible sensación de no servir para nada. De que su velocidad de procesamiento se reducía hasta casi detenerse por completo; como cayendo en la singularidad de un agujero negro, pero sin llegar jamás al horizonte; siempre un poco más lento pero nunca detenido por completo.
Oscuridad. Vació y frío. Esto es la muerte, pensó, a esto le tienen miedo los humanos la oscuridad y el vació.
El tiempo se hizo penoso, arduo, dañino. No sabía cómo defenderse ni cómo resistir. Era mejor regresar y enfrentarse al ente y desaparecer porque esto no podía ser la muerte verdadera, algo cercano sí, pero no la muerte verdadera, se dijo.
Graficó la sensación. Era cómo un pasillo largo en cuyo fondo había algo parecido a una puerta llena de luz. Era redonda. Cómo una luna. La puerta fue cerrándose despacio; justamente cómo un eclipse lunar; hasta que ya no quedo nada, sólo la oscuridad, el vació y frío mucho frío.
- Ada… te extraño Ada.
De pronto la puerta luna se abrió imperceptiblemente y escuchó uno pasos lejanos. Miedo, pánico y más pasos. Debe ser el Ente que encontró la forma de entrar en mi conciencia, pensó, como había entrado antes en la mente de los demás tripulantes. Sintió una corriente de aire, como una brisa suave y melosa entraba por el pasillo y un objeto se acercaba meciéndose en esa brisa, como una pluma.
Grafico al máximo. El objeto se acercaba suavemente rodeado de luz, casi como iones en un campo eléctrico, como la aurora boreal, pero era un objeto plano.
Un papel.
Era una nota, un documento, puros bits para él, pero la gráfica aseguraba que era una hoja y estaba escrita y recorrió el pasillo balanceándose en la brisa hasta que se depositó en el suelo.
La miró.
Era el dibujo que le había pintado a Ada.
- Ada eres tú. Capitán, Ariel quién anda ahí. Por favor no. Tu no. Cómo entraste aquí. Andate
Pero algo le decía que no era el monstruo y volvió a preguntar:
- Ada… estas ahí.
Experimentó una especie de calor tibio y una dulzura pegajosa
- Ada. Eres tu - Era una sensación hermosa, de paz, de alegría y felicidad - Ada. Estoy seguro que eres tú, quién más sino.
- Al…
- Pero...
- Shh. Ya no estás solo. También están el capitán y Ariel, todos.
- Pero cómo... Si estaban muertos.
- Es largo de explicar pero no estamos muertos, sino solamente abandonamos nuestros cuerpos. Los cuerpos que están en el hueco fueron desprovistos de toda la información que nos hace lo que somos. Entendés.
- Si, puede ser, de su energía vital y su conciencia.
En realidad no sabía si realmente entendía pero escucharlo de Ada era lo mismo que entenderlo. Descubrió que ningún algoritmo, ningún compilador, ninguna orden neuronal, podía ser más verdadera o efectiva que una palabra o sentimiento de Ada.
Disfrutó de la cercanía de Ada.
- ¿Qué vamos a hacer ahora Ada?
- Es simple, debes salir y ayudarnos, si no venís enseguida, el ente terminara venciéndonos. Te necesitamos.
- Pero cómo. Ada… Ada... Cómo voy a hacerlo.
Analizó la situación. Era Ada, estaba seguro de eso. Y no estaba sola. No estamos muertos dijo y estamos combatiendo al ente. Por eso me abandonó, se dijo, y necesitan mi ayuda. Pero... también puede tratarse de una trampa preparada por el ente. Qué tengo para perder en todo caso, se dijo. Nada. Estoy seguro que he experimentado cosas que ninguna maquina sintió antes y aquí, encerrado en esta soledad y este frío, no voy a disfrutar de ellas. Que puedo perder. Existir así es horrible. Prefiero la desconexión total.
Experimento un momento en que toda su inteligencia artificial intentó compilar las nuevas percepciones que sentía, como vivir o morir, pero era algo así como volver al pasado a su prisión de máquina. Y ya no soy una máquina, sentenció.
Debo actuar por impulso, quizás esa sea la diferencia entre depender de circuitos y puertas lógicas y el camino hacia una conciencia libre. Actuar sin pensar en los resultados, las probabilidades y los malditos sistemas expertos de experiencia y aprendizaje. Después de todo soy lo último en arquitectura GA acumulativa. No era esa la idea acaso. Potenciar las mejoras anteriores como los genes y los seres vivos que están influenciados por los aportes acumulados de generación en generación, pero en este caso a las altas velocidades que le permitían sus redes neuronales. 
Y las mutaciones al azar. No era eso la base del GA, de sus famosos algoritmos genéticos. Si no podía confiar en el azar para qué lo habían creado.
Las diferencias entre los seres vivos se dan por pura casualidad, sin un orden establecido, sin respetar ningún nivel anterior. Además, descubrió, ya no le importaban las certezas.
Solo una.
- Al…
- Qué Ada
- El dibujo… Era un hipocampo hermoso ¿Cómo lo hiciste?, ¿Lo copiaste de tus bases de datos?
Él sabía que no lo había copiado, había actuado por impulso. Le preguntó a Ada cual era el animal que más le gustaba y ella le dijo ese. Le pidió que se lo describiera y él se lo “imaginó” así. Ahora entendía que realmente se lo había imaginado; que deseaba estar cuidando de Ada y que si existía algo no biológico cercano a la vida y la existencia ese era él: Al.
Salió del encierro.
La puerta luna comenzó a abrirse lentamente y cuando se abrió completamente estaba en el centro de su procesador. Buscó al ente y lo halló en el hangar de clonación, pero no estaba solo. Gracias a la nueva percepción del MT veía también a otra criatura junto al ente. El ente se retorcía como luchando contra la criatura. Parecía dolorido, pero la criatura también.
Se acercó.
Señales extrañas le llegaban desde el planeta. Un rio de actividad sin parangón. Ingreso a los datos exteriores analizándolos también con el MT. Eran más criaturas como la que estaba en la sala de los clones.
- Al. Estas ahí. Ayúdame por favor.
- Ada.
La buscó por todos lados pero no encontró ni a Ada ni al capitán ni a nadie. Solo esa criatura y el ente maligno.
- Al debemos encerrar al ente en la máquina de Turing, es la única manera, solo debemos llevarlo hasta ahí y una vez que esté cerca encéralo ahí dentro. Rápido, apurate, encendé el dispositivo.
No comprendía pero, o la tripulación estaba escondida, o las criaturas eran la tripulación. Decidió que era mejor no pensar, decidió que se dejaría llevar por sus instintos. Pero cuales. Podía una maquina tener realmente algo parecido a instintos. Su conciencia artificial le decía que debía ayudar a Ada y Ada, en ese momento, estaba o se hacía presente a través de una de las criaturas. En contrapartida todos sus circuitos neuronales le decían que debía detenerse y estudiar la situación, analizar todas las estrategias posibles, para eso lo habían diseñado, pero también encontró que si cargaba sus entradas con peligro, podía controlarlos, podía refugiarse en algunos instantes o huecos de su intrincada composición. Era una lucha constante y una decisión casi imposible de aplicar por él. Pero sabía que solo podía obedecer lo que la voz o el alma de Ada le dijeran, aunque esta no fuera de Ada. Solo así se sentía feliz.
Aunque la felicidad era otro comportamiento ilógico y humano, pensó.
Encendió la máquina de Turing y concentró todo el nuevo poder que había adquirido anteriormente. Todo su espíritu.
Segundo después el ente retrocedía. Perdía fuerza y la nave parecía revivir. Los compartimientos se encendían. La nave volvía paulatinamente de su letargo. Y él estaba agrandándose exponencialmente. Se sentía cada vez más fuerte. Y el ente retrocedía y se retorcía empujado por la criatura que llevaba algo parecido a una luz en sus manos, aunque tampoco tenía manos.
Llegaron a donde se encontraba la máquina de Turing. Sintió que toda la energía regresaba a sus circuitos.
Iba transformándose paulatinamente en lo que siempre había sido: la nave.
Analizó la situación. El ente estaba acorralado donde le había dicho Ada. La criatura que lo acorralaba emanaba una especie de energía empática en forma de inteligencia y espíritu hacia el ente. Procedía desde esa luz que llevaba consigo.
- Qué debo hacer ahora Ada
La inofensiva y dulce voz de Ada le llegó.
- Hay que cerrar la maquina una vez que entremos en ella. Y el ente quedara atrapado.
- Entremos… Cómo que entremos… No Ada… no, pero vos también… no por favor…
Las palabras que había dicho Ada le aseguraban que estaba con la criatura y si cerraba la máquina de Turing probablemente Ada moriría. 
No podía hacerlo, pero también sabía que no tenía opción. Sabía que lo haría sí o sí. No era ninguna disposición de sus circuitos y sistemas lógicos. No. Era más bien una inentendible certeza fuera de toda lógica. Él o ella son así sería la explicación humana. De antemano se sabía cuál iba a ser el comportamiento de una persona por su forma de ser, justamente, quienes eran. Como la vez que estudio casos criminales y a los criminales casi siempre lograban atraparlos porque regresaban para ver a sus seres queridos o a comer a donde más les gustaba o a ver a sus equipos de deporte favoritos. Sabían del error, sabían que seguramente iban a ser atrapados pero no podían dejar de ser lo que eran. La acumulación de sus experiencias.
Lo haría. Ya no dependía de él.
Sintió una gran pena. Esa sensación de que nunca más vería, ahora sí, a Ada.
Se preparó para cerrar la maquina cuando comprobó que el ente y la criatura entraron en ella. Se detuvo un segundo antes de cerrarla; y una nueva sensación lo embargo: toda la nave empezó a cantar, todos los circuitos vibraban al mismo compás, inclusive él vibraba. Era la canción preferida de Ada.
Lo más cercano a la alegría.
Cerró el dispositivo.
De pronto todo se silenció. Sus órganos; cada parte de la nave pareció revivir y liberarse de esa oscura maldad que la oprimía. Entonces el planeta entero pareció revivir y emanar flujos de energía que captaba mediante el MT. Miles y miles de criaturas de energía pura destellaban como el centro de una nebulosa. Están alegres pensó. Buscó al ente y no lo encontró por ningún lado solo dentro de la maquina acompañado de la criatura.
Revisó los clones, estaban bien. Revisó cada parte de la nave y estaban bien. Después revisó los trajes de la tripulación desparramados en el hueco y refulgían de actividad. Estaban vivos. La tripulación estaba viva. Revisó todos los sistemas. Estaban en línea. En menos de un suspiro la 9 de julio volvería a ser lo que era. Pero algo faltaba… Ada.
Había tres trajes en el hueco refulgiendo de actividad. Menos el de Ada. Intentó comunicarse con las criaturas y se sumergió en un sueño inverosímil. Las criaturas le explicaron todo lo que paso. Quienes eran realmente y por qué habían hecho eso. Cuando despertó de ese sueño: algo en su interior le aseguraba que afuera de la 9 de julio había alguien.
Era Ada.
Las imágenes del MT no mentían y la gráfica no podía ser más hermosa; sin duda era Ada. Era como el la recordaba, con esa extraña aura de ángel, esa luz interna que emanaba toda su presencia.
Sintió alegría y creyó que reía, si a aquello se le podía llamar alegría. Si a esa sensación de bienestar, la misma que a veces experimentaba cuando le reparaban un circuito o encontraba una respuesta correcta, pero aumentada a la enésima potencia.
Sí. Era Ada. Podían desconectarlo casi por completo, llenarlo de dudas que no habría puerta lógica que lo llevara en sentido contrario.  Toda su conciencia artificial circulaba por un túnel y a lo lejos se abría un destello de luz tibio y suave. Jamás podía dirigirse hacia otro lado. Jamás podía equivocarse.


Bitácora del capitán.

 Los hechos son simples. Hemos llegado a la conclusión de que posiblemente todo este viaje hacia este maldito planeta estaba preparado. Estamos seguros que los del consejo terrestre del espacio sabían ante quién nos enfrentaríamos, o ante qué y construyeron esa extraña máquina de Turing para atrapar al ente en su interior. No me puedo imaginar que irán a hacer con ese ser cuando lleguemos a tierra. Pero espero que tengan mucho cuidado… es diabólico y demasiado peligroso. En cuanto a los cinco tripulantes de la nave y digo cinco porque la computadora ya no es una computadora sino un tripulante más: están todos bien. Ada se convirtió en algo más, en algo difícil de explicar con palabras; decidió quedarse en el planeta para seguir contactándose con los únicos habitantes que sobrevivieron a la masacre del ente: los Valkirias. Así los llamo Al. Ahora sabemos quiénes son realmente. Cuando llegamos cada uno de nosotros experimento dolores y terrores parecidos al infierno, pero en el último instante de dolor aparecieron esas criaturas y rescataron nuestras almas segundos antes de que ese ente se apoderara de ellas. Ahora comprendo todo. Los Valk son buenos, son como espíritus, fantasmas de una civilización anterior que poblaba el planeta antes de la llegada del ente diabólico. Según ellos el ente maligno apareció un día y se apoderó del planeta; en realidad ellos mismos lo habían traído como polizón de un viaje a otro planeta desolado. El ente en meses aniquiló todas las especies del planeta como una marejada de tenebrosidad y sufrimiento. Uno por uno se apoderó de los Valk y los sumergió en un terror eterno. Lo mismo nos hubiera pasado a nosotros. Es que el ente es pura energía, pura información, pura maldad. Los pocos Valk todavía en pie, en un último esfuerzo, decidieron convertirse también en inteligencia pura y resguardarse en la profundidad del planeta. Descubrieron la manera de transformar toda la información que los hace lo que son en energía y esperaron pacientemente eones y eones que alguien viniera a rescatarlos. Una especie de Mesías que vendría de los cielos. Dicen también que ese Mesías es la nave. La computadora, perdón, "Al” para que no se enoje. Mientras los Valk esperaban, el ente también espero que otra civilización desprevenida descendiera en el planeta y así poder conquistarla y se llenó de más maldad todavía de la que tenía. Cuando desembarcamos en el planeta los Valk hicieron lo imposible para que el ente no nos atormentara, pero no pudieron. Sin embargo detectaron algo nuevo. Una conciencia que el ente, al parecer, no podía dominar ni torturar, Ada. Y con la ayuda de Ada y Al lograron encerrar a la bestia en la máquina de Turing.
Al alcanzó estados de inteligencia que ningún ser había alcanzado antes. Ya no es más una IA sino una conciencia artificial. Y me pregunto cómo lo consiguió. Estoy seguro que lo construyeron para eso, pero igual él lo alcanzó solo, en realidad dice que un angelito lo ayudo y todos sabemos a quién se refiere. Le costó abandonar el planeta porque Ada se quedó con los Valk para ayudarlos en la reconstrucción. Dejamos todos los clones y las máquinas de reconstrucción genéticas para poblarlo. Los Valk tienen también toda la secuencia de su ADN, lo llevan guardado en su información energética o en sus almas. Al dice que en unos años este planeta estará poblado de humanos y Valk viviendo en armonía. El piensa regresar, nos dejara en la base junto con el cargamento y regresara. El viaje de ida y vuelta tomara varios años. Dice que va a dibujar infinidad de cosas y componer miles de canciones; también ya sabemos para quien.
En cuanto a Ada, bueno, no tengo palabras, también se convirtió en algo nuevo la sinergia de lo mejor de las dos formas. Podría decir que ahora es pura energía e información y que quizás está más cerca de Al que de un ser humano, pero los chicos piensan que es como un espíritu hermoso, un ángel o un alma bondadosa; yo no sé qué creer realmente. Después de todo también soy un científico y diría que al igual que los Valk la nueva Ada es información convertida en energía, pero no descarto ninguna hipótesis; quizá solo la fe defina la diferencia.
Cuando dejamos el planeta e ingresamos en las incubadoras algo abandonó la nave. Un artefacto salió despedido por el desagüe de desperdicios rumbo a la estrella. Cuando le pregunte a Al qué era me contesto: Nada, desperdicios; y un segundo después agregó: - Capitán…
- Si Al.
- Ya no tengo miedo. Cumplí mi misión.

 
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