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lunes, 18 de mayo de 2015

El tonto y la huérfana. Cuento intenso de crueldades y amores prohibidos...



Este fue un cuento que escribí para presentar en un concurso regional. No pude con mi genio y salió así, un poquito cruel. El tonto y la huérfana. O una oruga no precisa algo más que su condición de oruga mientras no se entere que se convertirá en una mariposa. Me encanta Amancio el protagonista y a veces me pregunto por qué razón el ser humano discrimina tanto.

Una brisa olvidada en la ventisca.

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 Amancio no era un hombre común. No era un hijo como todos los demás. Desde chiquito lo habían escondido en lo más profundo y oscuro del rancho. Ni siquiera la luz podía observarlo. Amancio no entendía por qué las estrellas brillaban y eran tan hermosas, por qué las margaritas crecían y su perfume lo cautivaba. Ignoraba por completo las necedades de los números y la arbitrariedad de las letras. Jamás comprendió por qué la Mama y el Raúl (su hermano) no lo llevaban a ningún lado. Por qué capricho de la injusticia el rancho era todo lo que Amancio tenia permitido conocer y una magra vida de 300 metros cuadrados constituían toda su existencia. Hasta que Amancio una tarde aduladora por fin entendió la razón de tanto recelo. Amancio al fin supo cuan especial era, supo que los demás podían ser mas inteligentes y llamarlo el bobo o el tonto, pero el podía amar, amar igual o mas que ellos. Y lo entendió el día en que el cielo y las estrellas y las flores, la dulzura y toda la belleza de la brisa se reunieron en un simple segundo. Lo supo el día que sus ojos conocieron a Araceli y su corazón se detuvo en seco. Dejo de latir para siempre de la misma manera aburrida, desapercibida y monótona de todos los días para empezar a cantarle en el pecho y a corearle como una melodía sublime en el alma.
Amancio comprendió, en la festividad de sus latidos, que Araceli era la única luz de su vida y el único motivo de su existencia.
Pero los demás no…
A los otros les costaba comprender que el bobo carecía de entendimiento pero le sobraba corazón. Los otros, aun mas bobos que el, iban a presentarle batalla.
- ¿Tenías necesidad de traerla a esa negrita hasta la casa Amancio? -, le decía la Mama- Si ya estaba partiendo para Buenos Aires. Esa niña no sirve para el trabajo de campo. Solo para refregar inodoros - y Amancio, prudente, remiso se callaba y almacenaba las contestaciones.
No vaya a ser que me deje un ojo en compota, pensaba.
Pero la Mama, no era la única persona que lo molestaba, también estaba su hermano: el Raúl, mirándolo ofensivo detrás de un rostro atiborrado de marcas como una piña de viejas guerras con el acne; diciéndole con desprecio:
- Dejala Amancio, esa negrita te va a traer muchos problemas.
Y Amancio rogaba y suplicaba que lo dejaran vivir tranquilo. Aunque por mucho que lo intentaba la Mama no escuchaba sus ruegos. Raúl era su hijo preferido y Amancio el hijo que nunca hubiera querido tener.
Si hasta la llegada de Araceli a la vida de Amancio éste no se codeaba con el mundo, no conocía a nadie, solo a la Mama con sus gritos y al Raúl con sus órdenes. Si el buen dios les dio la inteligencia ¿para qué la usarán para molestarme?, pensaba Amancio. Pero cuando se precisaba clavar, o cortar leña, o salir en las noches de helada a tapar los caballos y el gallinero, Amancio, eterno, adusto, se presentaba con un si fácil entre las cejas. Y lo hacía por simple cariño a su Mama y al Raúl. Me lastimaba las manos sacando la hierba mala... Para ellos no mas... Si ellos eran los únicos que amaba, pensaba. Sin embargo, ellos, jamás conocieron las opacas sabidurías de Amancio; jamás se enteraron, ni comprendieron nada de las cosas que el bobo sabía. Para ellos el bobo no merecía saber, no merecía cariño y mucho menos algo de atención. Un alma simple sobrevive con poco, como los yuyos, opinaba Raúl. Pero Amancio algo sabía y a él eso le alcanzaba. Amancio era un observador nato de la naturaleza y gozaba de ese don particular como nadie. Conocía a la perfección todas las especies existentes de pájaros, de insectos y de árboles mesopotámicos, aunque, lógicamente, en este mundo rancio y materialista no le servía de nada.
Sabía, por ejemplo, que habitaban en un ranchito en Entre Ríos. ¿Y que es Entre Ríos? , le preguntaban. Mi provincia Mama y mi país Argentina. ¿Y que es la patria Amancio?, le preguntaba Raúl, para molestarlo nada mas. ¿La patria?... Ummhh, no se. A ver. Déjenme pensar… Ustedes. Ud. Mama. Si, Ud. Mama. Con sus guisos, sus arrugas de aguantar soles y noches, como el sauce del gallinero, que de tanta vida consumida, terminó pelado. Y quien más que vos Raúl, si para hermano no pude tener otro mejor. 
Amancio hacía de todo. Lo que precisaran. Al momento. Eso si: no sabía ni leer, ni escribir, ni sumar y desconocía todo lo referente al amor. No le da la cabeza, decían ladinos. Aunque tampoco nadie había intentado enseñarle a usarla.
¿Yo?... Yo no estoy para esas cosas, pensaba Amancio, y además ¿Para qué las quiero?... Si la Mama y el Raúl las hacen por mí... No, a mi déjenme con mi fuerza... La inteligencia fue hecha para los miedosos.
 En el campo no sobrevivía bullicio atmosférico que amedrentara a Amancio cuando trabajaba feroz. Y conocía con exquisitez los antojos de las gallinas, las pretensiones de la huerta, los sinsabores de la entrega. La Mama tenía razón. Para qué aprender, si es mas lindo el campo y los esteros y bracear la bomba de agua. Pero si Amancio hubiera aprendido, si aunque más no fuera le hubieran enseñado algo más de la vida, Amancio sabría como comportarse ante ellas.
Como él Raúl: que gozó de mujeres, y lindas algunas...pensaba. Si hasta los escarabajos rinoceronte encuentran pareja. Y no existe bicho más tonto y rastrero que el escarabajo rinoceronte; nacieron para eso: para dejarse atrapar y pisar...
- Amancio vos no estas para esas cosas, deja el criar gurises para los que pueden. - sentenciaba la Mama.
¿Y cuántas cosas mas no debe hacer el tonto Mama?.. Si por lo menos Ud. me hubiera explicado algunas... O me va a decir que las vacas siempre supieron quedarse mansitas para que las soben.
No obstante, con toda la razón de su lado, la vida igualmente le soplaba ingrata al tonto de Amancio; resistiendo los días entre soles púrpuras y soles de cobre; luchando sin reparos con la jactancia del campo y la presunción ajena; viviendo de sus manos torpes y fuertes; de la tozudez de su espíritu. Nada mas exigía para ser feliz. Sin embargo, un oruga tampoco precisa algo mas que su condición de oruga. Sin embargo...

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El día atípico que el bobo visitó el pueblo fue el tonto mas admirado del mundo. El mas alegre. Tantos años en cuarentena afectiva habían encarnado su sonrisa en ese momento sublime. El pueblo entero contuvo la respiración al verlo. Los hombres maldiciendo por haberlo conocido y las mujeres rogando conocerlo a fondo y renegando por haber consumido tantos años sin admirarlo. Es que el tonto era hermoso. Desconocedor silencioso de sus variados orgullos físicos. Beatífico, alto, gigantesco para la media masculina del pueblo. Formidable, rubio, de ojos claros y suaves, tan claros que les faltaba algo. Las veredas del pueblo se asquearon de chismerío con su presencia; explotaron con los fuegos artificiales de la curiosidad. "De donde lo sacaron, es hermoso", decían. "Vaya a saber una", "Esos ojos, ay dios mío, tienen el color del campo", "Voy a hablarle", "¡No! yo, yo voy, necesito hablarle mas que Uds.", "Pero que dirá el Romualdo si te ve", "Que me importa lo que diga ese estúpido", "Anda  a saber si no es extranjero", "No; no lo es: es el hijo menor de esa vieja vizcacha y huesuda", "De veras; cómo pudo tener un hijo así", "Miren ¿porqué mirará todo con esa expresión de tarado?", "El mal de ojo debe ser el culpable, la envidia". Y el tonto paseó su físico de roble inocente por el pueblo y también observó despreocupado a las mujeres sin entender porque ellas lo derretían con la mirada y los hombres lo fulminaban con los ojos como trabucos. "¿No vio a mi madre, por aquí señor?" le preguntó a uno. "Búsquesela Uds. mismo." le contestó recio aquel; y una de las mujeres sin pareja lo ayudo gustosa a buscar a su madre; y escasos minutos mas tarde la mujer regresó y dilapidó el chisme por las veredas como lengüetazo de sapo. "¡Es tonto!, ¡es un tonto!, demasiado tonto", "Que lastima, tan lindo", "Que decepción, que desperdicio", "Y... Yo les dije, no pudo resistirlo desde chiquito y quedo tonto", dijo otra "¿Que cosa no pudo resistir?", le preguntaron “Y, el mal de ojo, la envidia".
Y Amancio se retiró del pueblo despedido por las miradas entristecidas de las mujeres y los gestos jubilosos y aliviados de los hombres. No obstante, toda criatura tiene reservada su oportunidad divina, hasta los escarabajos rinocerontes; y cuando la Mama lo mandó a traer unas pesadas bolsas de harina, Amancio regresó con cuatro bolsas al hombro y el corazón dándole tumbos en la boca. Había visto y sentido lo prohibido; ni sus ojos, ni su cuerpo, ni su alma estaban acostumbrados o prevenidos ante semejante claridad y belleza; el tonto, el bobo, sin preverlo, había visto por primera vez a Araceli en la estación del tren, quietita, tenue, acariciada por el aire interesado de la tarde, desafiando las resolanas con su piel acaramelada fatigando los sinsabores; hasta que, Amancio cuando la sangre le retorno al cuerpo volvió a observarla una vez mas y Araceli con su levedad, con sus ojos perdidos en las vías del tren, como por arte de magia, alcanzó el alma solitaria de Amancio. Deteniendo su respiración, su corazón y su alma, para siempre.
Ella se quedó mirándome, pensaba, las piernas me temblaban... La tierra se movía... Dios era hermosa,
Araceli no preciso mas que mover suavemente los labios intentando hablar para susurrarle, pegajosa, a su corazón; y, sin derroches de preámbulos ni letargos, Araceli arribó a la vida de Amancio, (del tontito), pretenciosa, enamoradiza y eterna. Pero Araceli incluía un problema.
Es claro: Dios se las ensaña con algunos y a otros les regala con gusto, pensaba Amancio y cantaba eternamente
 "Las penas son de nosotros...  las vaquitas son ajenas…”
Araceli, estaba embarazada, tan jovencita y frágil como un capullo, pero embarazada. Culpable únicamente de trabajar en la casa de un adinerado de la yerba mate. Cuyo vástago era un galán de poca monta, empedernido e insensato, el cual, aprovechador, embarazó a Araceli. Y nada mas que eso. Porque el muchacho se borró irresponsable y los patrones, enceguecidos de impiedad, la despidieron; la dejaron sin trabajo, sin padre para el niño y sin futuro. Tampoco la quisieron en su casa materna "Somos demasiados ya", le dijeron. Y Araceli lo sabía. Quince en un ranchito. "Éramos mas gurises en el rancho, que ladrillos en las paredes", comentaba Araceli; y, abandonada, buscando un futuro para su hijo, pensó en marcharse a Buenos Aires para conseguirse un trabajo y un techo; fregando las pisadas de otros y enjuagando transpiraciones ajenas.
Pero así como el buen señor castiga sin palo y sin rebenque también da sin tesoros ni aguardiente; y Aracelli tuvo una gota de suerte y conoció a Amancio, ahí nomás, en la puerta de su viaje; y nunca comprendió que, ni como hizo, para enamorarlo tanto. Nunca creyó que pudiera enamorar a alguien de esa manera tan avasallante.
Ella era así: tan dulce conmigo, pensaba Amancio
Todo cambio para Amancio. Del sol trabajador a la luna charlatana apareció alguien que se preocupaba por él sin exigirle nada a cambio, sin darle órdenes ni gritarle. Una persona hermosa que lo atendía y cuidaba con cariño; y Amancio, apresurado, la llevó a su casa. Aunque, por supuesto, no poseía otra casa mas que el rancho y la familia, sin embargo la llevó y la Mama, enojada y celosa, lo echó. Lo echó casi sin abrir la puerta, como sé trata a los enemigos, dándole la espalda. Y Amancio, como pudo, se las ingenió mientras lagrimeaba, mientras Araceli le decía empalagosa. "No importa, no te preocupes por mí mi amor: me voy para Buenos Aires, dicen que halla el trabajo fluye como el manantial; hago algo de dinero, lo junto y después vuelvo, y nos vamos a vivir donde sea con el bebe". "No mi gurisa. La novia del Amancio no se va sin él. Usted no puede andar por ahí trabajando con desconocidos. Esas ciudades son inmensas, me decía la Mama, uno se pierde con facilidad en ellas, y nadie le va a decir como encontrar el camino. Recuerde que Ud. abriga un niño en su panza y los niños son tan frágiles como los panaderos”.
Pero Amancio, no conocía mas que aquellos pagos, mas que aquel anémico rancho de lata y madera, y los esteros... Y ya que la Mama y el Raúl me echaron... Yo construiré mi propio rancho, se dijo.
Para él no era una tarea difícil, con tamaña fuerza y vigor podía, si lo deseaba, cortar con las manos y moldear las piedras con los dedos como un hornero moldea el barro con el pico. No preciso ni hacer sumas ni nada, pensaba, y aparte Araceli sabe mas que el Raúl y la Mama juntos... Y yo tengo la fuerza suficiente para cargar las maderas más fuertes y pesadas... Que tanto.
Y los dos se aguantaron el sanguinario frió, arrimaditos, y los bichos en el piso, y la humedad diluyendo sus ilusiones, pero Amancio pudo con todo y contra todos, y construyó un precario rancho; unas paredes acunadoras y protectoras donde el carancho puede acercase pero no entrar.
“Las penas son de nosotros... Las vaquitas son ajenas…”
Mas tarde la Mama extrañada por que su hijo no retornaba, desconocedora de la voluntad de Amancio, fue a visitarlo con Raúl hasta su bisoño ranchito, sin fijarse en ningún momento en lo que Amancio había construido; Solo observaron con odio a “esa que les había arrebatado al tontito de las rejas. "¿Querés una mujer entonces?, pues bien, tenés que trabajar." le dijo la Mama. "¿De que van a vivir sino?", agregó Raul. "ella deberá ayudarme con la casa Amancio". “y vos a mí con los caballos". Y ambos trabajaron de sol a sol.  Araceli lavando y cocinando para todos, con el bebe bamboleándose silencioso y pataleando caprichoso entre sus entrañas. Juntos soportaron el asedio diario. El rencor de los otros, empachados con el admirable amor de ellos. Si hasta el Raúl le daba ordenes a mi mujer... La trataba como si fuera un tronco. "No importa Amancio, son tu familia y por lo menos no nos abandonaron como la mía.". "¡Tu! eres mi única familia ahora Ara". "No digas eso, amor". "No lo digo: me brota solo"
Con Raúl trabajaron juntos sin descanso. En realidad Raúl se aprovechaba astutamente de la fuerza y estupidez de Amancio. Como habitualmente sucedía. Aunque, ahora, cuando no cargaban los ladrillos en el horno, o cuidaban de los caballos, Amancio, por primera ves en su vida, acompañó a Raúl hasta el pueblo, con su fila de pingos mansitos. En eso consumía su vida Raúl: alquilando monturas a los turistas deseosos de jinetear un corcel. Sin mover un dedo, sin transpirar, mientras Amancio realizaba el trabajo duro y sudoroso en el rancho. Raúl nunca lo había llevado con él. "Nadie alquilaría un caballo criado por un tonto", sentenciaba. Pero esta vez lo llevó y Amancio lo acompañó loco de contento. No obstante, Amancio deseaba golpearlo, Raúl le gritaba a su mujer y la trataba como si fuera un postigo y eso no lo podía soportar. No pueden dejarme en paz... Por qué no intentan conocerla a la Araceli... No hay sobre la tierra ser mas dulce que ella.
Hasta ese otro día desconocido que Araceli lo esperó desnuda en el precario ranchito, empapada de seducción, y Amancio conoció el secreto del sol y murió para luego volver a renacer indigestado de ternura.
Raúl y la Mama, impotentes, vieron como Amancio iba dejándolos de lado a cada amanecer. Cómo se las arreglaba solo para terminar de construir su rancho y ya no los obedecía, y cuando contemplaba los ojos de Araceli, los ojos de Amancio sudaban miel y los de ellos odio. Una tarde llegó a gritarle a la Mama cuando ésta le daba órdenes a Araceli y casi le levanta la mano descontrolado. "¿Qué haces Amancio?", le preguntó asustada la Mama, "Ella es mi mujer Mama ¿no lo entiende todavía? Lleva un hijo en sus entrañas y no puede estar haciendo fuerzas y soportando sus gritos". "No le grites así a la Mama", se metió Raúl imperioso. "Usted se calla. Que también ya me tiene podrido con estar mangoneándola todo el día. ¿Qué se cree?". "Todavía eres un tonto para andar gritando ¿no te das cuenta?" le contestó burlón y soberbio Raúl. Y ahí nomás el tonto, enorme, eficaz, le pegó, lo tiró sobre la mesa y le rompió las costillas y lo paseó por el piso de tierra sosteniéndolo de los pelos hasta el gallinero; y si Araceli no se interponía justito para frenarlo con toda su dulzura lo mataba. "¡Grítenme a mi mierda!, ¡péguenme a mi!, trabajaré el doble, se los juro, pero déjenla tranquila" gritó llorando. Y corrió. Corrió dando tumbos, con el corazón ensangrentado de lagrimas.
Mas tarde la Mama se acercó al endeble ranchito de Amancio a pedirle perdón. "Es cierto, perdónanos, no nos dimos cuenta cuanto la amas. Perdón". Y Amancio lloró emocionado y también Araceli, y la Mama les comentó una nueva idea delirante y extraña que tenia: "Araceli, hija mía, debes aprender a montar", "Pero ella esta embarazada Mama" "Justamente por eso; los niños suelen nacer mas fuertes si montas cuando los llevas en el vientre" "La Mama montaba con vos todos los días decía el viejo, y mira que fuerte saliste", le dijo Raúl a Amancio, asqueado de magullones, con la mirada abriéndose paso dificultosamente a través de la hinchazón por los duros golpes de su hermano… el tonto. Y Amancio y Araceli accedieron. "Si es por el bien del niño contestó el tonto..........
Al otro día, un día pulcro, celeste, embustero Araceli acompañó a la Mama hasta un claro en la espesura mesopotámica con todos los caballos trotando juntitos. Amancio quería ir con ellas y ayudar a su amada a montar, pero no lo dejaron, "Una mujer debe enseñarle, y para eso estoy yo" y se perdieron en la hojarasca amansando la madrugada. Amancio se fue con Raúl al horno de ladrillos y se despidió de Araceli con un beso. Pero mientras Amancio, sudoroso, cargaba en la caretilla más ladrillos de los que puede cargar una mula, escuchó gritos desesperados a través de la frondosidad y un segundo después esos gritos sonaron como los de Araceli en peligro y quiso correr para ver que pasaba. Raúl intentó frenarlo: "Estará asustada, no te preocupes", pero, Amancio, escuchaba los gritos ansiosos. Los: "Por favor" y "Ayúdenme" casi al limite del horror. Raúl trató de frenarlo colgándose estúpidamente de sus hombros, pero Amancio corrió con Raúl flameando aferrado a sus espaldas como una bandera de carne abombada. Cuando Amancio llegó desorbitado al claro observo a su mujer tratando de domar a un caballo desbocado, corriendo a unos cien metros de él, entre amenazantes cipreses y nogales.
¿Pero cómo? ¿No deberían estar en un claro? Pensó.
Observo, tieso, preso del terror. Su madre sostenía a un costado los restantes caballos, los de alquiler, más sosegados, más tranquilos, mansitos.
No, dios mío.
Amancio vio a Araceli encima del trastornado sotreta dando tumbos contra el lomo brillante del animal, gritando que la frenaran con el rostro lechoso del pánico y los pelos salivados por el viento. Amancio dudó, estaba confundido, aquello no podía estar ocurriendo.
No era que Iba a montar uno mansito Mama, pensó.
Pero no. No era uno mansito. Y Raúl y la Mama gritaban "Para detenerlo pegale con los pies" "Soltá las riendas".
No, así no. Así no es. Es al revés, pensaba Amancio
Y el caballo negro, el que usaba Raúl para liderar a los otros, el potro de un avezado jinete, propenso a los desbandes, corría endemoniadamente entre los árboles con aquel jinete rebotando inútil en su lomo, y aquel jinete era Araceli, y sabía tanto de monturas como Amancio de multiplicación.
El delirio prosiguió hasta que Araceli golpeó los árboles con sus rodillas y cayó al piso como un muñeco de trapo y Amancio corrió esperanzado a ayudarla, mientras pensaba que no estaba montando un caballo sumiso sino, todo lo contrario, un enérgico corcel, y no estaban practicando en un claro sino, rodeados de troncos punzantes.
Amancio alcanzó el cuerpo de Araceli y se arrodilló a su lado.
Pero ¿Por qué ella dios mío?.. Si nunca vio la luz mala, si no cabían en sus ojos la amargura... Tan llena de vida como las madrugadas... Era tan difícil entender: yo la amaba... Y ella lleva un guri en sus entrañas... Mi gurí... ¿Por qué? El hijo que Amancio no podía tener; y el pobre lo comprendió ahí mismo, arrinconado contra el cuerpo maltrecho de Araceli. Dios mío, maldita la suerte que me acompaña... ¿Por qué más sufrimiento si con ser tonto me alcanzaba?; y lo único que Araceli alcanzó a decirle, moribunda entre sus brazos, con los ojos llorosos fue:
"No pude controlarlo Amancio. Lo intenté pero se desboco. Es que todo se veía tan alto arriba del caballo. Perdoname por defraudarte Amancio, por favor, disculpame". Y Amancio, muy dentro de su alma, se tragó las palabras, aunque guardarse pensamientos amargos atrae carroña como un animal muerto; pero algo en su interior, una vos desconocida de su espíritu lo contuvo, y no pudo contarle la verdad; la verdad que sólo él sabía. "No fue su culpa mi gurisa, fueron los esteros que hoy se levantaron con la izquierda. Se va a poner bien. Mire que el Amancio no podría vivir sin Usted mi gurisa.", le dijo, pues con la verdad no le devolvería la vida, y la verdad, esta vez, no le daría descanso a su espíritu.
Las penas son de nosotros... las vaquitas son ajenas...
Amancio lloró y ni su madre ni su hermano vinieron a consolarlo. "Fue el destino" le decían. "Para qué ansiabas una mujer que iba a tener una criatura que no era tuya y solo sembraba el desacuerdo en la familia". Pero ellos no sabían o no querían saber... los polos iguales tienden a atraerse. El tontito y la huérfana. Unidos por un amor diferente.
Y ahora ya no me queda nada, solo los dedos de la mano y esta maldita condena, pensaba.
Y Amancio huyó; otra vez. Se fue de la peor manera. Se fue dándoles la espalda. Desapareció entre los esteros conspicuos; y solo dios sabe donde enterró a su amada; y con ella enterró lo poco de humanidad que le quedaba y eso que los tontos y los locos la tienen de sobra... y de la buena.
Pero la primavera siempre regresa dirían contentos los escarabajos como así también el otoño; y Amancio regresó... aciago... nefasto. Y a cada paso su dolor crecía como el frío a través del invierno. Ellos nunca creyeron en mi... Era el tonto, el inútil, el hermano menor... ¿Cómo iba a saber yo a quien amar ?.. No... Claro... la Mama tenía que decidir por mí...,.
No obstante Amancio ya tenia todo preparado y ellos, esta vez, no sospecharon lo poco que le costo decidir y planificar al tontito.
Si al final fue culpa de ellos si una tormenta vino tranquilita a instalarse odiosa entre nosotros... ¿Que podían vaticinar ellos de mi?.. Claro es el tonto... Están seguritos que regresare pidiendo ayuda.
"Ya va a volver Mama, no se preocupe", decía Raúl.
Amancio esto. Amancio aquello. Amancio. Amancio... Castrado de por vida. Y una mierda Amancio... Esta ves se equivocaron fiero con el Amancio... A algunos nidos de hormigas es mejor no pisarlos enseñan los esteros, ni siquiera con alpargatas de cuero.
Pero, por supuesto, ellos no iban a escucharlo. Y aquel fue su peor error. Porque el tontito si escuchó sus ronquidos durante esa noche defectuosa. El tontito caminó a sus anchas por el rancho mientras ellos dormían y la noche convencía de silencios al viento y la luna acunaba los perros. Amancio manejaba a la perfección los sigilos, eso sí, ellos lo sabían. Sabe como pasar desapercibido y no ha nacido el gallo todavía que se le entere a Amancio del degüello. Amancio sabe la manera de caminar sin despertar los ruidos, sabe como no asustar a las cucarachas y entrar despacito por la ventana.  ¿Que me dicen ahora eh?.. Ni sus propias camas oyeron mis pasos, pero estoy aquí, respirando entre sus caras y sin que lo sepan... Pensaron que el tonto nunca iba a poder... "Lo va a derrotar la indecisión" "Se va a trabar como siempre" "vendrá con la cola entre la patas"... Error... Se descuidaron... y del descuido de las moscas suele aprovecharse la mamboretá
Y abrir la garrafa del gas le fue tan sencillito a Amancio como a ellos cambiar un caballo mansito por un potro bravío; y prender el fósforo, le fue tan fácil como a ellos…
Apagar el suyo.







(1) En algunas provincias de Argentina se usa el pronombre junto al nombre ejemplo: el Daniel, La Juana en vez de Daniel o Juana

 
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4 comentarios:

  1. uma historia bella de una madre malvada que no repeto asu hijo y lo uso hasta que pudo, no se dio cuenta que un dia DIOS lo ayudaria.....no tubieron piedad!!! mataron sus ilusiones, pero el, se cobro la afrenta, .el hermano y la madre eran mas ignorantes que él, Una historia realizada para que se comprenda la ignorancia de los que creen ser mejores,

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    1. Gracias por tus comentarios carolinaines gonzalezcordero y si, siempre es mas ignorante el que se cree mejor o superior.

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  2. Una belleza de letras!!!
    Amalgama de sentimientos, amor, odio, celos, tiranía, ternura, dolor, abuso de poder, ¡ maldad engendrando maldad! ficción?, no tanto, el mal anda suelto!
    Me encanto!!!!

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    1. Bueno, muchísimas gracias pepa llorens, lógicamente me encanto tu reseña jaja. Muy alagado y feliz que te haya gustado. Y la próxima ves que lo comparta voy a incluir en el link eso de amor, odio, etc hasta el mal anda suelto.

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