Etiquetas

domingo, 29 de marzo de 2015

Qué darías por tener otra oportunidad. A veces a los obsequios pueden ser peligrosos.

Como casi la mayoría empiezan con una idea y terminan con otra. Este cuento empezó con la idea de mostrar un mundo donde todo lo hacen las computadoras por nosotros y terminó en este cuento donde los miedos son más comunes y terrenales. Los más terroríficos de todos. Los psicológicos.
Era un cuento largo o novela corta, pero lo adapte a cuento corto creo que quedo bien.



"Oportunidad S.A."

Como casi siempre al despertarme después de dormir atiborrado de horrendas y malsanas pesadillas los dolores de cabeza me torturaban durante el transcurso del día. Por desgracia esa mañana no se había comportado distinta al último centenar de madrugadas y el cerebro me estallaba. Me costó horrores lograr que la cafetera de intrared me sirviera un buen café. No es algo difícil, es cierto, pero se complica cuando el software se actualiza solo y a veces se actualiza mal. Pero lo peor fue moverme hasta la cocina con fluidez. Posiblemente las pesadillas, como una ves leí en la red, son (especialmente en mi caso) como un ajuste de cuentas con la inconsciencia; la presencia aciaga, enconada de la inconciencia en un terreno donde puede demostrar su disconformidad con lo que estamos haciendo con nuestras vidas. Si esto es verdad: mi mente posee una zona diferenciada donde un terror infranqueable sobrevive ahí, por ahora, en estado de espera. No quiero imaginarme que pasaría si en algún momento toma control de mis actos voluntarios. que mi alma necesita de otra oportunidad. Toda mi existencia en si lo necesita. Por mucho que me esfuerzo en superar este embargo afectivo no he podido superarlo y no puedo seguir viviendo de esta manera, diría, de liviandad emocional. Mis finanzas ya están casi al borde del precipicio, no quiero tocar los ahorros y para eso tengo que empezar a crear sin falta.
Ya perdí la cuenta de cuánto tiempo hace ya que no elaboro una sola obra. No es que estoy en uno de esos periodos sin creatividad, todo lo contrario, pero no puedo. Lo intente varias veces. Cuando me conecto al sistema de conexión sináptica incluso tengo mayor creatividad, mi mente divaga como si estuviera fumado. Pero cuando comienzo a usar las herramientas a control para pintar ahí me anulo. Incluso intente sin conectarme pero fue en vano.
Tampoco puedo seguir viviendo con las emociones en cero negativo. Nadie puede vivir así. Sobrellevar un estado depresivo tan intolerante como en el que estoy inmerso no se lo  regalo a nadie, ni siquiera a mi más acérrimo enemigo; actualmente, por supuesto, yo mismo. Ya ni las provisiones que elijo en el ambiente virtual y que me envía el supermercado y que procesan mis máquinas de cocinar  con tanto esmero me saben a comida; más bien me saben a agua comprimida. Debo comenzar a salir nuevamente opina mi madre; preciso romper el cascaron; frecuentar nuevos amigos; buscarme alguien para acompañar los últimos días de  mi existencia, aunque solo sea conectado, pero no puedo, seria perder tiempo; no saben cuánto me cuesta relacionarme. Soy un desconfiado nato, desconfío de todo el mundo; hasta del aire que respiro. Vivo a la defensiva casi como única forma de vida. Similar a una mosca a la cual, de la única forma que podes acercártele es matándola. Pocos saben cuánto dolor me causó no poder decirle a una mujer, por timidez o resentimiento, alguna palabra aduladora. Por eso, esta jornada, harto de soportar en vano, me he decidido; me he decidido por segunda vez. Necesito otra oportunidad. Sí o sí. Aquellos acontecimientos nefastos que desmoronaron mi existencia no fueron mi culpa realmente. Así que deben darme otra oportunidad. No pueden negarse. Tengo el dinero necesario; pagaría lo que fuera. Aparte fui uno de sus primeros clientes cuando solamente era un proyecto costoso y rústico. No creo que tengan demasiados reparos con mi solicitud. Estoy decidido.
Me vestí gracias al bot de aseo y vestimenta lo menos ofensivo posible. Colores claros y  ropa poco suntuosa que elegí desde la ventana holográfica de vestimenta; cancelé todas las holo-visitas, me afeité con la máquina de aseo y le solicité a mi ordenador que me comunicara con " Oportunidad S.A." de inmediato. En la comunicación preliminar de hace 12 años atrás no me agradó la persona que me atendió; probablemente era una imagen digitalizada, aunque por momentos me pareció pletórico de gestos humanos como para ser sintetizada digitalmente. Espere largo rato, se ve que tenían mucho trabajo o utilizaban la espera como arma de venta. Esperar me hastiaba; desde chico. Creo que si yo puedo estar en punto, en una cita, o atender aunque más nos sea para decir "aguarde un momento": los demás también pueden; sin lugar a dudas. Mientras esperaba oteé el living donde consumí la  mayor parte de mi vida moviéndome de aquí para allá como un león enjaulado y descubrí, tarde, que ya no me agradaba la disposición de los muebles; soy consciente que siguen un orden prescripto como para crear en mi mente una costumbre, para recorrerlos de memoria, pero estoy harto de las costumbres. Tampoco me agradaba el color blanco con que Marcela había decorado toda la casa:  las paredes, el piso los sillones, la mesa, el trivisor, todo. Y me causa una aprensión rayana en la locura lo mal que entonan esos adornos psicodélicos contra ese fondo blanquecino, inmutable, puro. Estaba asqueado de esta casa. Odio la pulcritud en ese estado exagerado aunque, en realidad, sin orden, me sería imposible vivir.
Espere impaciente hasta que un pitido horrible proveniente de la computadora anunciando la inminente comunicación con "Oportunidad S.A." me sobresaltó. Inspiré hondo intentando escuchar los frenéticos latidos de mi corazón para ver si me traían un poco de suerte o tenían algo para decirme de último momento.
Cruce los dedos; aunque nunca me dio resultado.
- Buenos días Señor... Méndez. - me contestaron por la pantalla. Era la misma persona de hacía unos años; ahora lo confirmaba, era digitalizado.
- Buenas tardes ya - le contesté - ¿Se acuerda de mí?
- No. No exactamente. Le comento que me es difícil olvidarme de una persona una vez que he hablado con ella, me extraña que siendo una cara tan inteligente como la suya no la reconozca Pero últimamente el trabajo me ha agobiado y hemos tenido, por suerte, mucho trabajo. Eso debe ser. Refrésqueme la memoria por favor.
- Esta perdonado, no se preocupe, en realidad no soy un cliente de hace algunos días. Hace mucho tiempo que me contacte con Uds. ¡ años! Fui uno de sus primeros clientes.
- Ahhh. En hora buena. Hacía rato que deseaba comunicarme con un viejo cliente ¿Cuánto hace que....
- 12 años para ser exactos. Quede muy conforme, pero un tiempo atrás tuve algunos  inconvenientes con....
- No se preocupe señor Méndez estamos para ayudarlo. No necesita horadar recuerdos pocos gratos. En la otra pantalla tengo los datos referentes a usted y a sus inconvenientes como usted los llama, estamos al tanto de todo y le aseguro que estas cosas no suelen suceder, pero tienen remedio. Además estábamos esperando su llamado. Avancemos y explíqueme que es lo que desea.
- Bueno yo ejem... no sé si lo han hecho ya con alguien pero necesito otra oportunidad. Si, otra oportunidad, estoy dispuesto a pagar lo que sea. Ud. solo ponga el precio que yo lo cubro.
- No es cuestión de dinero señor Méndez. Una persona inteligente como Ud. debe darse cuenta que no es eso, es solo cuestión de merecimientos. Las personas a veces se comportan de maneras extrañas y nosotros no podemos encarar proyectos con cualquiera que llamé y lo solicite aunque se llame presidente de la tierra o venga con una carta de presentación de dios mismo inclusive. A usted, en su momento, se le hicieron diversos test psicológicos de aceptación ¿los recuerda? y luego de los análisis correspondientes fue aceptado; eso habla en su favor, es cierto, pero una segunda oportunidad es otro cantar.
- Yo escúcheme - busqué su nombre al costado del holograma - Adrián, escúcheme por favor. Mi vida se me ha tornado insoportable a partir de lo que paso. Creo que un accidente es un hecho completamente fortuito, intenté recuperarme, acercarme a mis escasos amigos, mi familia pero me resultó imposible. Al desaparecer Marcela me quede sin la única persona que me comprendía y me aceptaba como soy; sin vueltas, sin reparos, ni pretensiones ¿Entiende? ella era todo para mí. No puedo sin ella y sé que Uds. lo van a entender así, por eso acudí a Uds. por segunda vez. Pienso que lo único que me salvaría es otra oportunidad redentora. Le aseguro que no se para que seguir viviendo en este estado si no me dan otra oportunidad.
- Bueno. Bueno está bien, no seamos tan derrotistas. Despreocúpese por ahora. Trataremos su caso y después nos comunicaremos, pero recuerde que la empresa, en caso de que no resulte usted elegido para un nuevo proyecto, no se responsabiliza por los daños morales o psicológicos causados ni por su persona máxime después de sus  palabras tan negativas. Necesitamos que firme unos documentos; Ud. ya sabe cómo es esto, no necesito explicárselo de  vuelta.
Los documentos aparecieron en la pantalla del escritorio; eran gemelos exactos de los antiguos, los recuerdo perfectamente. Lo que no entendían en "Oportunidad S.A. " es que recurro nuevamente a ellos porque  para mí ya es cuestión de vida o muerte. No tengo otra alternativa.  La primera vez, si no me hubieran aceptado, habría sido un golpe duro, pero no insuperable. Ahora sé que no sobreviviría con una negativa. No puedo vivir así. Por eso ellos se lavan las manos con estos documentos. Te ayudan, es cierto, pero tienen criterios muy fríos con sus clientes, o desconocen lo que es un ser humano. Me contuve de poner que estaba dispuesto a pagar lo necesario. Canjearía todas mis posiciones por esa oportunidad, pero lo único que hice fue abrir mi pupila frente al scanner y aceptar su impiedad. Nada más.
Recordé, después de estar como 10 minutos totalmente en blanco, que este mes tenía reservado un viaje con Marcela; una visita a una pequeña reservación de ballenas en el sur. Llame a la agencia de turismo y me atendió una hermosa joven, como de quince años. Cada vez son más jóvenes los que acceden a trabajos importantes o dirigen empresas; los viejos, en muy poco tiempo, no seremos más que un estorbo, deberán eliminarnos. El rostro de la joven trastocó su grata expresión cuando le dije que cancelaba el viaje. No de muy buena manera me dijo que me descontarían un 20% por que ya era tarde para cancelarlo. Decidí mejor no contestarle, aunque ensaye mi mejor cara de asesino psicópata, como para que no se olvidara quien soy. Ya más tranquilo puse a mi ordenador sináptico en modo compra y, mediante la interfaz virtual, me encargué de seleccionar algunos pertrechos y artículos de dibujo que me faltan; incluso un nuevo soft de conexión sináptica para artistas plásticos que me ofrecía la compañía en vez de una actualización. Más tarde el ordenador se encargaría de todos los pasos necesarios para que me enviaran los artículos y para autoinstalar el nuevo soft y me puse a pensar en la comida de ese día.
La casa estaba vacía sin Marcela, como el océano sin el brillo de la luna, sin sus peces. Antes, podría jurar, las paredes me hablaban y acariciaban; estaban tan felices como yo. Ahora les hablo y no me contestan; no son más que masas planas de concreto mudo y frio. Por momentos se me hace imposible moverme con comodidad por la casa, como si en el suelo existieran imanes inicuos sólo puestos ahí para dificultar mi tránsito. Es agobiante, pero todos los estados depresivos tienen su costado opresor.
Ya en la cocina ingresé datos para prepararme una sabrosa comida. Elegí algo bien preparado para que la cocina autosuficiente trabajara porque hacía rato que comía tonterías, como si el acto de elegir pudiera darme algo de vida, pero sabía que el hecho de comer solo, sin compañía, a la que ya me había acostumbrado, adormecería mi sentido gustativo. La cocina, pasados unos segundos chilló y solo precisé tomar el plato y llevarlo a la mesa.
 Sonó el intercomunicador insistentemente y al mirar la pequeña terminal pantalla adosada a la pared de la cocina noté la procedencia de una llamada: era mi hermano desde la cárcel. No quería atenderlo; inexorablemente culminábamos nuestras exiguas charlas peleándonos. Nunca me perdonó por no haberlo salvado del embargo de sus pertenencias y de su casa. No entiende que, cuando salga de la cárcel dentro de 5 años, como mínimo, sus cosas habrán perdido todo su valor. En este siglo en que los adelantos parecen correr competencias de aguante, y no dejan de aparecer artículos nuevos día a día: un par de zapatillas computadas con visor del estado físico y colchón de aire no serán más que unas simples alpargatas de goma dentro de un año, o menos. Él no lo entiende; asegura que lo abandone. Todos son iguales, él se abandonó a si  mismo cayendo preso por ese desfalco virtual tan estúpido. Como supuse que el fono no dejaría de sonar hasta atenderlo y él sabe que no salgo para nada, porque me dificulta salir (si no salía antes de conocer a Marcela, ni estando con ella, mucho menos ahora), atendí.  Si no atendía me iba a volver loco. Se ve que no tiene otra cosa más que tiempo libre en la cárcel.
- Bien bien – dijo – por fin te dignaste a atenderme. Perdón por llamarte por pagar, pero necesitaba hablar contigo y no tengo un cobre. Espero que no te enojes total a ti no te va a arruinar una mísera comunicación. - Me dijo con una desfachatez sin igual.
- A ti tampoco te va a arruinar ya estas lo suficientemente arruinado como para preocuparte por tu persona.
- Uy, Uy, Uy dormimos mal de vuelta hoy. Cuando será el día que te dignes a tratarme bien. No nos vemos nunca, casi no nos hablamos y lo único que haces al vernos, si a esta video holo de comunicación se le puede decir vernos, es ladrarme.
-  Bueno, bueno, bueno.... perdón, hablo con el hombre afecto. ¿Qué es lo que querés decirme? Apúrate que no tengo todo el día para charlar con vos.
- Feliz cumpleaños.
Me quede sin palabras. El maldito se acordó de mi cumpleaños y yo ni siquiera lo tenía presente. Es un buen gesto de su parte. También sé que lo hace con algún motivo oculto; nunca fue de quererme, pero mi vida está cargada de suficientes hondas lesivas como para despreciarlo, me viene bien algo así. No suelo decirle a nadie cuando cumplo años. Soy bastante reacio a las fiestas. Hay personas que estiman primordial no olvidarse de los cumpleaños, llamarte o mandarte algún regalo y suponen que de esa manera van a formar parte de los recuerdos y emociones que uno se lleva a la tumba. Odio esa clase de personas. no obstante, mi hermano lo ha hecho de corazón. Eso espero. Por lo tanto debo forzarme para no arruinarlo.
- Gracias, no te hubieses molestado. Me había olvidado.
- Siempre te olvidas; la mayoría de las veces.
- Y qué si me olvido. ¿Qué tiene de malo?. No tengo tiempo como libre como el tuyo para pensar en estas estupideces..... - Me detuve en seco como si una mano interior me hubiera tapado la boca. Había incinerado el sublime instante como siempre. No puedo mantener una conversación importante con alguien sin explotar .
- Disculpame, lo lamento, no quise. - Expresé intentando que comprendiera lo apenado que estaba.
- Esta bien. Ya estoy acostumbrado. Te conozco hace años, sé que estas cosas no te interesan o quizás como no podes hacerlas vos mismo te molestan.
- ¿Estas estudiando psicología en la cárcel?. ¿O es un nuevo método que empleas para reducir tu pena?.
No me contestó bajó la vista y sacudió la cabeza de mala gana en un gesto cansino. No quise decirle nada. Si tiene tanto problema para que me llama. Después de un rato, que se nos hizo interminable, (no pretenderá que yo hable cuando fue él quien llamo), habló por fin.
- Quería que supieses que va todo bien, mi abogado encontró pruebas para demostrar no sé qué con respecto a un cambio de carátula y puede ser que me reduzcan la pena.... Ya se: no te interesa. Pero no me lo digas por favor, estoy tratando de mantener una conversación sana entre nosotros.
Siempre igual, lo único que le interesa es como le va a él. Qué me importa realmente si sale o se  queda a vivir ahí; qué me importa realmente.
- Hace rato que no tengo noticias de mama; que sabes de ella, no quiere atender mis llamadas
- Por algo será no te parece.... - le dije - Está bien. No te preocupes. Sé que en el fondo te extraña.
- Y vos como van tus cosas eh
- Igual que siempre
- No pensás contarme nada; estaré en la cárcel pero me entere lo que te sucedió. Por qué no me llamaste antes, ¿eh? por qué no querés que te ayude
- Ayuda, ayuda tuya, vamos si estas encerrado como un insecto en una telaraña. Mira si voy a necesitar ayuda tuya. No te parece que estoy perdiendo tiempo hablan.......
Me cortó. La imagen de su cara desapareció de mi vista como si hubiesen tirado un frasco de tinta negra sobre mis ojos. Si realmente hubiera necesitado su ayuda lo habría llamado. Yo ya conozco mis necesidades. Pero no puedo. Me cuesta relacionarme. La única persona que me entendió fue Marcela y ya no está; como si no tuviera problemas conmigo mismo para que, hasta el azar, se pusiera del bando de enfrente.
La computadora bramó cuando estaba por acostarme para una siesta reparadora. Ofuscado atendí y para mi sorpresa era el empleado o el dueño de "Oportunidad S.A." el tipo estaba, con su cara de falsedad digital constante, buscándome con la mirada por la habitación por medio de la cámara del videófono. Su rostro aparecía moviéndose, casi diría aplastado en la imagen tridimensional de mi pantalla. Que descarado, no respeta la privacidad; me contuve de tapar el visor con la mano y hablarle a oscuras. Lo saludé. Como si no me hubiera escuchado escudriñó entre unos ficheros en su pantalla hasta que pareció encontrarlos y me dijo
- Señor Méndez felicitaciones su petición fue aprobada "Oportunidad S.A." se complace en comunicarle que ha sido aceptada su petición. Eh ¿qué le parece?
Trate de no demostrarle demasiada alegría así no me cobraría, también, conforme fuese mayor mi sonrisa.
- Entiéndame es la primera vez que se le concede a una persona una segunda oportunidad ¿entiende? - Lo que me imaginaba: me iba a costar demasiado. No tenía que haberle rogado tanto antes. - Sabemos que Ud. tiene muchos problemas con su personalidad y también que últimamente tiene algunos problemitas con sus negocios y que no ha producido nada en los últimos tiempos, y, por lo que se y no se moleste se lo ruego por ser tan directo, está demasiado solo ¿No?. Por eso hemos accedido.
- Bueno... ¿Cuánto tardare en ir por ahí"
- Eso es cuestión de los programadores. Aparte. Todo cambio. Ud. va a entrar en una nueva era de "Oportunidad S.A." Un nuevo proyecto. Único en el mundo; y creemos que muy eficaz. Realmente eficaz.
- Y cuanto me va a salir este nuevo sistema.
- No se preocupe; justamente más tecnología trae aparejado un abaratamiento de los costos; queremos que esto sea accesible a todo el mundo. Todos los estratos sociales. Hasta lo ofrecemos en cuotas. ¿Se imagina?
- No, realmente no me lo imagino.  Además me asusta. En mi caso quedó demostrado a través de los años que soy un cabrón, un ermitaño, alguien que lo necesita de verdad. Y aseguraría por necesidades obvias, que el camino más fácil es este para mí, creo, el camino sin problemas. Si a cualquiera se le hiciera tan fácil acceder a esto: el mundo se daría vuelta patas para arriba.
- Ya está patas para arriba. Pero que sea poco costoso no quiere decir que cualquiera pueda acceder a él. Hay muchos genios, muchos futuros grandes pensadores o líderes, triunfadores para redondear, como Usted un pintor de renombre, que ahora no pueden acceder a esto. Creemos que ayudaríamos a esas personas. Que si son felices responderían mejor en lo que se proponen ¿ comprende?.
- Mas o menos... Pero estoy muy ocupado ahora; dígame cuanto van a tardar, así me comunico con Usted. y no me diga cuanto me va a costar dígaselo al ordenador, pero afine el lápiz. Confío en Usted; me parece una buena persona. una persona Inteligente.
- Gracias señor Méndez. Todo listo. Nos estamos viendo. Que disfrute su nueva oportunidad.
 
Debía decidirme, hallar el impulso necesario para a ir a "Oportunidad S.A.". El salir de mi casa sin compañía me asustaba. No tenía amigos a los cuales pedirles el favor. Mi hermano era un ignorante y estaba preso. Mi madre ni siquiera puede moverse del geriátrico. Desde chico he aprendido a movilizarme solo, enclaustrado en este exoesqueleto computado. Sin embargo mi invalidez no me causa ya demasiados problemas, estoy acostumbrado. He logrado una comunión con el exoesqueleto que casi diría forma parte de mi cuerpo incluso antes de que lo actualizaran con esa conexión sináptica, pero hace más de veinte años que casi no salgo a la calle. Hubo una época, antes de Marcela, que le pagaba a médicos y enfermeros y asistentes psicológicos para me ayudaran con mi existencia y algunos de los menesteres para los cuales el exoesqueleto con todo lo avanzado que es no puede; pero siempre terminaban robándome o vagueaban todo el día y no servían para nada. Siempre terminaba igual: echándolos a los gritos. Es que a la gente común se les hace fácil vivir y amar; a mí todo me es más dificultoso; diría imposible. Las mujeres nunca me perdonan ni ocultan su mala impresión con respecto a mi invalides y fealdad. Sé que no soy feo, pero poseer un cuerpo inútil es conformar parte de una atracción circense de por vida. Me ven como un monstruo. Las mujeres huyen cuando se dan cuenta que no están para sobrellevar semejante sufrimiento: escapan. La única que me comprendía, que me ayudaba desinteresadamente, que me prendía las luces sin tener que gritar yo para encenderlas: era ella. La mayoría de los mayordomos me ayudaban en demasía; la gente. cuándo me ve, mi madre inclusive, creen que no puedo hacer nada y a cada movimiento están tratando de ver cómo ayudarme, de ver si rompo algo o me rompo la cabeza. Me tratan como un invalido. Marcela no era así: me trataba como si no existiera en mi ninguna imposibilidad física. Hasta me gustaba cuando me pedía café y yo debía ensayar malabares con los artefactos eléctricos de la cocina para servírselo. Me encantaba ser útil para alguien. Tengo miedo que la gente me rechacé por  mi invalides. Con Marcela no tuve ese problema, por supuesto: ella no me rechazaría por nada del mundo. Y pude abocarme en otros aspectos de la relación. Pero, en contrapartida, estoy signado por la desgracia; los accidentes son como parte de mi vida. La soledad parte de mi sangre. La incomprensión parte del aire que respiro. La hosquedad parte del sudor que emanó.
Ya no me queda otra: debo ir en busca de mi salvación. Sé que "Oportunidad S.A." me ayudo una vez. Ahora, este nuevo proyecto como ellos lo llaman, debería salvarme para siempre es la última oportunidad.


 Volví a quedarme solo, empero no por mucho tiempo, el holocomunicador empezó a sonar de nuevo.  Estaban empeñados en no dejarme tranquilo. Era mi promotora, Maribel. La mujer que vivía de mi arte. No quise atenderla; últimamente estaba opinando demasiado sobre mis obras como si el hecho de ser la manager de un pintor famoso la capacitase para conocer el oficio de un artista. Era una vieja arpía; sigo con ella porque, cuando nadie me imprimía nada, apareció en mi puerta con algunos contactos de una de las empresas editoras que manejaba la línea interurbana de comunicación por ordenador (la red) y me propuso editar una novela gráfica electrónica en fascículos. Aparte, desgraciadamente, hay cosas que me son imposibles de hacer con el exoesqueleto y encerrado en mi casa. Fue mi primer publicación y dio mucho resultado. La gente también  me solicitó particularmente por la red que se la entregaran por facsímil para quedarse con una copia. Ahora si Maribel me llamaba era para sermonearme porque hacía rato que no pintaba nada. Lo que no comprende es mi imposibilidad emocional para crear. Sin Marcela no soy más que un despojo de ser humano. No la atendí, después, salvado, la llamaría y quizás mi humor sería más agradable.
Solicité un taxi para que me alcanzara hasta la empresa. Cuando llegó bajé con cuidad hasta llegar a la puerta del auto. El exoesqueleto cumple bien su función de darles fuerza a mis miembros muertos pero es un poco tosco el andar. El chofer, al parecer, no sabía que su pasajero iba a ser un invalido e inmediatamente bajó con intenciones de ayudarme. Se ofreció, mientras me observaba absorto, con una expresión de lástima que se le escapaba por los ojos. Le dije que no necesitaba su ayuda y que se concentrara en manejar con cuidado y de su propio cuerpo. Pero hasta que no entré, después de costarme un esfuerzo terrible, no se sentó a manejar; aunque eso de manejar ya no existe solo se dedicó a controlar el sistema de navegación asistido. El ser humano es un ser de costumbres; si yo estuviera más acostumbrado a salir no me hubiese costado tanto andar con el exoesqueleto. Y sabría, aparte, tratar a los tontos de una manera  menos peyorativa. Quizás fuese así, quizás no.
Buenos Aires seguía pareciéndome tan grande y tan improductiva como antes. Desde mi casa en la superficie no había mucho para observar. Desde algún rascacielos no sé si desearía observar algo realmente. No vale la pena. Por la polución se debe notar más oscura que humo de goma quemada. Los viajes me agotaban; ¿Por qué estaba  tan lejos esta empresa, tan alejada al otro lado de la ciudad?. O será que yo vivo demasiado alejado del mundo. Lo que si aseguro: con tanto ruido y trajín, no hubiera podido ser lo que soy: un pintor invalido que se ha hecho famoso controlando sistemas sinápticos multimedia especialmente diseñados para sí. Sin el exo y los sistemas no hubiese podido emplear lo único sano y no tan inútil que me queda como mi cerebro para poder crear. Se pinta mejor con  tranquilidad. Pienso que mis admiradores o los que han comprado mis obras deben de observarlas en medio del barullo, o deben tener unos físicos superdotados y unas mentes súper  pequeñas como para opinar que son buenas obras.
Llegamos al edificio de Oportunidad S.A. después de traspasar de varias barreras de peaje, pero, afortunadamente, fue el único trayecto del camino en el cual no sentí el traqueteo de la suspensión luchando contra el maltrato de las calles. Antiguamente había un destacamento del ejército en el terreno de "Oportunidad S.A.". Alguien me comentó que inicialmente fue un proyecto militar. Al estacionar, esta vez, el chofer ni se movió: bajé solo y solo me llegué hasta la entrada del reluciente y llamativo edificio completamente de vidrio de la empresa. En su fachada se reflejaban las arboles y el pasto circundante. Esta zona de es una de las pocas zonas de esta magnánima ciudad que conservan algo de verde.
Había una rampa para las viejas sillas de ruedas remarcada con rayas amarillas y escalones angostos para los exoesqueletos; deben ser muchos los inválidos que llegan hasta aquí, supongo. Deberían poseer alguna zona cerrada; alguna zona protegida con guardias, deben ser muchos los que, sin ser inválidos, tienen problemas del corazón, de la cabeza o del alma o estar locos o demasiados cuerdos para no formar parte del mundo normal: como para venir aquí. Lo único de lo que estoy seguro es que yo no debo representar el modelo de persona común. Por mucho que lo intente.
Una empleada me estaba esperando; al parecer, me reconoció al instante, y me hizo esperar solamente el tiempo empleado en acomodar la silla contra la pared de la sala de espera, pues, un hombre apresurado, de traje claro y demasiado almidonado se me acercó y me saludó. Era el mismo hombre de la imagen telefónica.
- Señor Méndez como le va, se lo ve bien.  Pase por aquí. Venga
Estaría medio ciego porque yo estaba transpirando de los nervios y la ansiedad y cuando estoy nervioso se me pone la cara blanca como un nabo hervido. El corazón estaba por estallarme;  por momentos perdía el aire y me mareaba; pero necesitaba un último esfuerzo nada más que por esta ves; después: la  gloria

- Bueno señor Méndez aquí estamos nuevamente. Ha sido muy afortunado, el nuevo modelo de mujer sintética que hemos creado el "Multisent 2000" realmente parece que hubiese sido preconcebido para usted. Lo digo en serio. Este modelo posee unos nuevos programas de respuesta psicológicas que se van adaptando a los cambios y necesidades del comprador conforme va pasando el tiempo.
- Como es eso. Explíquese
- Estos nuevos androides femeninos poseen respuestas más espontaneas y al mismo tiempo más calculadas que los otros. Responden a lo que su perfil le indica ¿Entiende? tiene receptores, que van ingresando datos durante la convivencia. Una entrada de datos externos sobre su comportamiento y sobre el entorno emotivo de las persona. Lo analizan continuamente y responden adecuadamente en cada caso.
- Yo no necesito nada ni mejor ni peor que la anterior, que Marcela. Ella era una compañera increíble; se lo aseguro
- Si, lo sabemos, estaba hecha para Ud.; era lo que Ud. buscaba en una acompañante. Podía gritarle que no lo iba a sentir. Pegarle que siempre iba a responder de la misma manera, hasta llegar a olvidar. Con estos modelos no es lo mismo; se diría que sienten; no llegan a llorar pero tienen en la cara como músculos de siliconas que responden ante la tristeza para adquirir esa expresión. Píenselo... Ud., es una persona inteligente, estamos entrando en una nueva era de tratamientos psicológicos. Están hechas a su personalidad; pero también están hechas para que su personalidad cambie se haga más dulce, menos huraña, más expresiva. ¿lo ve?.
- Lo veo, sí, pero tengo miedo. Le tengo miedo al rechazo, a los problemas. Creía que me iban a dar otra Marcela.
- No va a tener problemas se lo aseguro. Solo que, a diferencia de las otras, necesita un poco más de cariño; precisa que Ud. ponga un poco más de su parte....... Esta dispuesto a....... ¿Está dispuesto a cambiar su vida para siempre?.
Lo pensé. La conclusión dio que me estaba embarcando en problemas con este nuevo modelo. Pero igual no podía seguir viviendo así. El recuerdo de Marcela algún día terminaría por matarme.
- Mi padre decía: "de lo único que uno se lamenta en la vida es de los errores que no se animó a cometer" - le dije - ¡ Sí!, estoy dispuesto. Además no tengo otra salida. Ya soy una de las piezas del juego.
- Por cualquier cosa llámenos, estamos a su entera disposición. Ya sabe: su nueva oportunidad lo espera en la misma sala que la anterior; está muy ilusionada con Ud. créame.
¿Por qué debía ser de esta forma? ¿Había necesidad de un nuevo modelo que necesita cariño y comprensión? y no sé qué otras cosas más.  ¿Y si se cansa de mí?. No creo; deben haberla construido para que eso no suceda. Solo espero que se adapte a mí como se adaptó Marcela. ¿Marcela?. Basta de Marcela ella ya forma parte del pasado. No creo que esta me quiera como ella. ¿Y si en una de esas necesita algo de mi imposible de dar?. ¿Si después me abandona?. Espero que no se canse de mi invalidez.
Pensé en volver y preguntarle al vendedor si esta "multisent 2000" estaba preparada para esos casos, pero me pareció una falta de respeto. Lógicamente ya lo debía saber.
Casi llegando a la sala 16, donde ella me esperaba, me detuve a observar por la ventanilla de una puerta el interior de una sala rotulada con el número 14. Ahí, en un costado, estaba sentado un hombre enorme; y lloraba y hablaba solo. Por un segundo paró de llorar y me observó. Como un tigre se levantó y corrió hacia la puerta; hacia mi vehementemente. Intente mover el exo instantáneamente y enganchar una velocidad mayor para escapar hacia mi sala; sin embargo me alcanzó en seco antes que la orden manara de mi cerebro al convertidor digital que llevaba conectado en mi cabeza. Gritando me preguntó si yo era el doctor Ugarte. Le contesté que no, asustado y preso del pánico, le dije que no era personal de la empresa. Y como esas tormentas que se desploman con todo el peso de su furia sobre la tierra, el hombre se abalanzó sobre mis piernas de nanotubos poniéndose a llorar desconsoladamente. Intente tranquilizarlo y cuando paró de llorar le pregunte que le sucedía.
- Me tienen ahí hace como una hora y no me quieren atender.  Hace unos cuantos días pretendí que me atendieran y como se hacían los sordos vine por mi cuenta y ahora procuran encerrarme ahí sin atenderme.               

- Pero ¿Por qué harían algo así? - le pregunté consternado
- Ese nuevo modelo, Multisent. 2000. Nuevos sentimientos, nuevos programas de comportamiento humano, buenas piernas. Necesitan que uno las ame mucho… y como yo no pude responderle… dios. Se suicidó ¿Me escucha? Se arrojó por el balcón del depto... No resultó. Dejo de quererme. - me sacudía mientras sus lágrimas me salpicaban el exo.
- Pero cómo. Cómo que se suicidó. Pueden hacer eso.
- Y sí. Esta lo hizo. No me dio tiempo a nada. Yo le había dicho que era una máquina, que yo la quería pero que no me exigiera tanto y al parecer no pudo soportarlo y ahora estoy solo y acá no me dan ninguna respuesta
- Tranquilícese, seguramente algo van a hacer.
- Ellos solo quieren indemnizarme, pero yo no necesito plata, tengo bastante ya, necesito otra pero no con tanta personalidad y exigencias.
Unas personas vestidas de verde, que debieron escuchar el alboroto, llegaron y lo sujetaron y, aunque el hombre, inútilmente, procuraba zafarse: se lo llevaron
- ¿Esta Ud. bien señor. ? - me preguntó uno de los hombres vestido con un guardapolvo verde - Ese hombre está un poco zafado. No le haga caso. Discúlpenos el mal rato. ¿ Esta Ud. bien?.
No conteste por un rato. No podría explicar las cosas que pasaban por mi mente en ese momento. El hombre probó reanimarme moviéndome el hombro y me observó fijamente - ¿ Seguro que esta Ud. bien?.
- Si - le contesté apartándole con brusquedad la mano - Estoy bien. ¿A Ud. que le importa? - me di media vuelta y casi incendio los nanotubos del exoesqueleto por la velocidad con que escapé de allí.
Me dirigí a la sala 16 mientras me preguntaba si esta nueva Multisent me aceptaría. ¿Si yo le iba a gustar? ¿Si me iba a abandonar?. Claro, pensé, tengo que gustarle; la hicieron para mí por supuesto.  Al final del pasillo vi la puerta de la sala donde ella estaba esperándome. La puerta me pareció más alejada, casi enorme. Pensé en ella ahí, encerrada, esperando para estudiarme, para psicoanalizarme.  Para ver si le gustaba. Para ver si yo era de su agrado. Debo tratarla bien. A Marcela la trataba bien, la amaba, pero ese hombre al parecer también, sin embargo la suya se suicidó. Y si me pasa lo mismo. Dios mío. Sería terrible. Y si es ella la que no me quiere con sus nuevos sentimientos. Si no le gusta mi mal humor.
Llegué y la vi. Estaba hermosa. El rostro lleno de dulzura. De preguntas.
Entré.
Si le parezco poco hombre con este cuerpo sin vida, pensé.















No hay comentarios.:

Publicar un comentario